Este título para Jesús es más propio del IV evangelio pero no exclusivo, la relación de este título con el de Hijo del hombre no es clara ni se contrapone el uno con el otro, pues ambos, como se ha visto , fueron usados, si bien este último sería un enigma misterioso para expresar y, a la vez, velar su interpretación[1].
Jesús habla de sí mismo como Hijo de Dios para los muertos que oirán la voz del Hijo de Dios (5.25); Jesús le pregunta al ciego de nacimiento, por él curado: ¿Tú crees en el Hijo de Dios? (9.35) y luego es Jesús mismo quien responde, ante las tinieblas del ciego de creencia: es el que habla contigo (9.37), previo a la resurrección de Lázaro, Jesús dice que la enfermedad y la muerte de Lázaro glorificarán al Hijo de Dios (11.4); pues será glorificado el Hijo del hombre y Dios en él y a él (13.31-32). En síntesis, no se es hijo de Dios por un nacimiento natural, sino por un hecho sobrenatural.[2]
Los creyentes le consideran Hijo de Dios
También entre los primeros creyentes en Jesús, entre ellos, Marta, la hermana de Lázaro, cree en Jesús y le llama Mesías e Hijo de Dios que viene al mundo (11.27), proveniente del Padre (16.30). Las primeras comunidades le llamaron Jesús aun cuando el título era judío[3].
El evangelista en un epílogo presenta su intención: estos milagros han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (20.30-31).
Humanidad de Jesús
Si bien la condición de ser humano no es única, en el IV evangelio se presentan actos que declaran la humanidad de Jesús, pues se siente fatigado del camino (4.6), llora (11.35) y dice: Tengo sed (19.28).
Amor mutuo y filiación
Tal como se da una honra mutua entre el Padre y el Hijo, Jesús y los hijos, Jesús brinda un mandamiento: el amor mutuo, fraterno del que él es ejemplo (13.34, 15.12, 17), y por el cual se distinguen sus discípulos (13.35).
La filiación –condición de hijo– está mediada por Jesús, yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros (14.20, cfr. 16.4, 20.17), pero para que se dé la filiación el amor es indispensable. Aquí, la filiación de los hombres se expresa en el seguimiento de los mandamientos y en la expresión del amor a Jesús como acceso y permanencia al amor por parte del Padre y del Hijo (14.21, 15.9-10), el Padre ama a quien ame a su Hijo (16.27).
[1] Cfr. KASPER, Walter, Jesús, El Cristo, p. 132.
[2] SCHNACKENBURG, Rudolf, El evangelio según San Juan, Versión y comentario, tomo primero, introducción y capítulos 1-4, versión castellana de Alejandro Esteban Lator, Editorial Herder, Barcelona, 1980, p. 280.
[3] KASPER, Walter, Jesús, El Cristo, p. 131.