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La concepción de Jesús en los Padres de la Iglesia

Junto a la época antigua de la teología cristiana, es decir la patrística, se encuentran una gran cantidad de herejías y sus respectivas apologías. La mayoría de éstas durante los siete primeros siglos de historia de la teología cristiana la mayoría son de carácter cristológico.

Por una parte, pueden mencionarse entre las herejías: el ebionismo, marcionismo, gnosticismo, arrianismo, adopcionismo, modalismo, apolinarismo, nestorianismo, monofisismo de Eutiques; inclusive algunas de estas herejías coinciden a grandes rasgos con la presentación que el sagrado Corán hará posteriormente del profeta Jesús –as–; por otra parte, entre las apologías, es decir, defensas, se encuentran las respuestas de Ignacio de Antioquia, Melitón de Sardes, Ireneo de Lyon, Tertuliano, Orígenes, Atanasio de Alejandría junto con los concilios ecuménicos de Éfeso (431), Calcedonia (451), en especial.

Sin duda, la teología cristiana de los primeros siglos se formó en debate con las herejías mismas; por esto y otras razones, el concepto de herejía es circunstancial y dependiente al concepto de Iglesia Católica o universal, en otras palabras, estas llamadas herejías poseen una gran cuota de verdad, en especial en lo referente a la cristología y muchas de ellas se conservaron gracias al Islam luego de la época antigua del cristianismo que tanto las persiguió.

Todos los territorios habitados por los Padres de la Iglesia y en el cual se desarrolló el llamado cristianismo primitivo ahora están habitados por mayorías musulmanas, excepción de Italia y España. En estos territorios se conservan varias de las iglesias y tradiciones llamadas orientales, por ejemplo, las copta, melvita, siria y armenia, y de las llamadas a sí mismas católicas como los maronitas, caldeos, alejandrinos, greco-ortodoxos, jacobitas y nestorianos.[1]

De seguido, se presentarán las opiniones teológicas en los autores más representativos de la teología cristiana antigua, también llamados “Padres de la Iglesia”.

Lactancio, escritor africano del siglo III, presenta la conexión entre la divinidad de Cristo y su concepción virginal:

“El Dios Padre, origen y principio de todas las cosas, como carece de padres, es llamado Ingénito, sin padre y sin madre; no fue creado por nadie. Convenía, por ello, que también su Hijo fuera sin padre y sin madre. En su primer nacimiento, espiritual, fue sin madre, porque fue engendrado solamente por Dios Padre, sin el oficio de una madre; en el segundo nacimiento, carnal, fue sin padre, porque fue concebido sin la intervención de un padre, en el seno virginal”[2].

La novedad de su nacimiento es aclamada por Gregorio de Nisa un gran Padre de la Iglesia oriental, greco-bizantina, novedad que es comparada con la visión de la zarza por parte del profeta Moisés –as–:

“¡Oh acontecimiento admirable: una virgen es madre, permaneciendo virgen! Mira el nuevo orden de la naturaleza. […] Del mismo modo que la zarza, aunque quemada por el fuego, no se consumió, igualmente la Virgen, engendrando la luz, no se corrompió.”[3]

El nacimiento de Jesús –as– fue un nacimiento diferente a cualquier otro, según Agustín quien reitera la divinidad de Jesús –as–, la mayor divergencia entre el cristianismo y el islam:

“La nobleza del nacido se manifestó en la virginidad de la madre, y la nobleza de la madre en la divinidad del nacido.”[4]

La heterodoxia en el cristianismo primitivo presentó la concepción y el nacimiento del profeta Jesús –as– de dos maneras posibles[5]:

  1. En latín: Ex María, en griego ek Marias, apo Marias; según los peratas, setianos, docetas, ofitas, basilidianos, el texto Pistis sophia y Justino gnóstico entre otros.
  2. En latín: Per Mariam, en griego dia Marias, según fibionitas, bardesanitas y valentinianos.

[1] Cfr. MAÍLLO SALGADO, Felipe, Vocabulario de historia árabe e islámica, pp. 278-287.

[2] Lactancio, Instituciones divinas, 4, 13: PL 6, 482-483.

[3] Gregorio de Nisa, Sermón sobre el nacimiento de Cristo: PG 46, 1136.

[4] AGUSTÍN, Sermón 200, 2: PL 38, 1029.

[5] Cfr. ORBE, Antonio, Cristología gnóstica, Introducción a la soteriología de los siglos II y III, volumen I, pp. 412-448.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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