La intolerancia, el fanatismo y la intransigencia han sido ejercidas por los fieles, los representantes y los pensadores de las religiones monoteístas, en uno u otro momento; sus tradiciones religiosas, teológicas y filosóficas han incluido teorías, legislaciones y prácticas que recurren a la violencia; por lo cual es prudente, en el diálogo interreligioso, definir el ámbito espiritual y el social para demarcar, en tanto sea posible, los alcances, límites y acciones de cada uno; y así diferenciar las acciones de los fieles con los fundamentos de sus religiones.
Entre las dificultades, limitaciones y obstáculos del Diálogo se encuentran el “desconocimiento recíproco, falta de formación en la propia creencia religiosa, prejuicios ancestrales, cerrazón de la mente, actitud de superioridad, indiferencia o desprecio”[1], en experiencia del Cardenal Carlos Vallejo, quien trabajó en Sevilla y Tánger.
[1] AMIGO VALLEJO, Carlos, Cristianos y musulmanes, p. 196.



