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Análisis del primer relato de la creación génesis (Berešīt) (1 de 2)

El llamado primer relato de la creación (1.1-2.4a) no es científico, es más bien litúrgico, es decir, que sirve para las formas de adoración y la comprensión de lo divino y no es un recuento histórico, en este relato se encuentran algunas referencias claves para comprender la creación del hombre por parte de Dios, ambos versículos serán un canto de alabanza y una “enseñanza sacerdotal”[1].

 1.1 

Las diversas traducciones posibles del primer acto divino en la sagrada Torah, van desde el existir –no considerado en sentido humano– o al crear.

Entre las posibles traducciones del texto hebreo encontramos: “al principio”, lo cual indica una creación con un comienzo absoluto, único, preciso e instantáneo; “cuando comenzó lo cual incluye la creación en una cadena de hechos continua, –los actos de Dios– sin un momento temporal exacto, es un sucederse del acto permanente, perenne; es decir, un suceder de la historia de la creación y, por ende, del hombre; “en un comienzo” es algo más impreciso y, por último, “primeramente”: da énfasis a lo que sigue, a lo creado.[2]

Esta es una pequeña muestra de cómo el traductor de la Biblia puede cambiar el sentido teológico, histórico del texto sagrado según la interpretación que dé a cada versículo y según el trasfondo, el contexto y la intencionalidad de su traducción.[3]

El crear (bārā’) es una obra exclusiva de Dios, sus sentidos son múltiples: engendrar, fabricar, preparar para la luz y comenzar la existencia del primer fenómeno, aun no visible; tal sacar a la luz es un iluminar ejercido mediante la creación de las lumbreras (me’ōrōṯ cfr. Gen 1.14). De las siete apariciones de este verbo, tres tendrán una relación con la humanidad en este primer libro de la Torah[4].

Luego del silencio, inexistencia de sonido, de interlocución u órdenes, antes que todo ello, Dios llama a su creación entera, llamada que se convierte en vocación y en misión, es decir en una evocación-exhortación; pues su palabra es una “expresión de su voluntad”[7].

En el Berešīt, el hombre no se sitúa en una creación, generación o emanación gradual que desciende desde Dios; el hombre se encuentra frente a la palabra, a la llamada y a la orden divinas[8]; es así como ni el hombre ni la creación son derivados de la naturaleza divina, más bien ambos son frutos de su ‘palabra creadora’ o de una creación por la palabra; toda palabra necesita de alguien que la escuche.

Estas ‘fórmulas’ hebreas (‘amar elohīm, ‘amer yehv-h [dice Dios, habla Dios]) se reiteran en múltiples ocasiones acompañadas de la conjunción que indica continuidad de la creación, luego de la ruptura del silencio y de la separación de las tinieblas (ḥošēk)[9], de la ausencia de luz comienza el orden de la creación, luego del caos.

 1.2

El verbo hebreo ‘āšāh [hacer] difiere de Barā‘, aun cuando ambos pueden intercambiarse, pues ‘āšāh indica la exclusividad de Dios en la acción de crear algo que es absolutamente nuevo, además indica la creación de una forma en general y no de sus matices formadores.

Luego de una serie de creaciones divinas, el sexto día, Dios crea la última y más nueva de sus criaturas, no sin antes ‘decirlo’.

Este hacer (āšāh) es usado para diversos trabajos y productos, pero al ser Dios el sujeto enfatiza en los actos divinos en la historia de la creación; Dios no es sólo trascendente, es inmanente en la historia al ejercer su poder soberano, de allí que ‘āšāh aparezca con gran frecuencia en el Berešīt.

Pero, ¿por qué se encuentra en el texto hebreo el uso del plural para tal acción divina? ¿acaso son éstos rastros del politeísmo mítico, pagano o un plural mayestático para referirse a lo divino? La versión de la Septuaginta (LXX)[11] evita tal uso en plural y remite a un uso singular en el texto de la versión griega (kai. ei=pen o` qeo,j poih,swmen), tal como en la versión latina de Vulgata[12] (et ait faciamus hominem). Entre las diferentes propuestas para responder a estas preguntas tenemos, entre otras[13]:

  1. La prefiguración o, aun más, presentación de la trinidad cristiana, algo sin duda lejano del propósito de este texto hebreo y extraño al Antiguo Testamento en su conjunto, al menos desde la teología y la hermenéutica judía.
  2. Un vestigio teológico dejado por el politeísmo pre-bíblico enfrentado a la narración monoteísta del texto hebreo.
  3. Una deliberación entre Dios y seres inferiores de la esfera divina, es decir los ángeles, pero éstos ni siquiera se encuentran presentes en este primer capítulo del texto, por lo cual no parece ser una propuesta apropiada.
  4. Un plural de majestad o, mejor aun, un plural cohortativo en el que el sujeto de la narración habla consigo mismo.

Dios habla, de nuevo, para la creación del hombre; el hombre hablará, responderá y conformará una interpelación en la que se hace verdadero hombre[14], pues su respuesta es necesaria.

El hombre, la humanidad (‘ādām) en su primer estado no sexuado, es decir sin una dicotomía hombre-mujer en el estado del hombre indivisible aun () aparece en la tierra (‘ādāmah) y encuentra en ella su plenitud, hacia ella se dirige, a ella pertenece. Este sustantivo carece de plural, tiene un sentido colectivo y debe ser traducido, en general, por ‘hombres’, tal como la traducción de Martín Lutero (Und Gott sprach: Laßt uns Menschen machen).

El hombre es creado con especial atención, es un acto inmediato de Dios y es puesto en un nivel elevado frente a toda la creación; Dios se decide a crearle de un modo más “intimista e intensivo”[15].

[1] Von RAD, Gerhard, El libro del Génesis, p. 56.

[2] Para estas traducciones posibles vide CASTELL, Francois, Comienzos, pp. 8-12.

[3] De allí la importancia de conocer la lengua original y los diferentes contextos de los textos sagrados mediante la tradición interpretativa así como las nuevas herramientas y métodos interpretativos, aún cuando deban utilizarse estas últimas con precaución, pues lo nuevo no siempre es lo mejor y al analizar los textos antiguos, con cierta frecuencia, es preferible recurrir a las interpretaciones más cercanas al contexto espacio-temporal del texto.

[4] 1.27;  5.1, 2.

[7] PONGUTÁ, Silvestre, Una introducción al Pentateuco, p. 37.

[8] Cfr. CASTELL, Francois, Comienzos, p. 22.

[9] Cfr. Gén 1.4. `%v,xo)h; !ybeîW rAaàh’ !yBeî ~yhiêl{a/ lDEäb.Y:w:

[10] Esta es la única aparición en primera persona del plural de este verbo en Berešīt 1-11.

[11] Esta versión es la traducción judía más antigua y más estimada del AT al griego, fue realizada y reconocida como tal en Alejandría c. III AEC durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo (285-247 AEC); según la carta apócrifa de Aristeas, el sumo Sacerdote Eleazar envió desde Jerusalén a 72 sabios con la misión de traducir la Torah hebrea al griego para la Biblioteca de Alejandría, por eso su nombre de Septuaginta, lo cual se aplicaría luego al resto del AT griego para los cristianos. LXX Septuaginta, Edited by Alfred Rahlfs, the Württembergische Bibelanstalt / Deutsche Bibelgesellschaft (German Bible Society), Stuttgart, 1935, en especial la Introducción “Historia del texto de la Septuaginta” en varias traducciones.

[12] Entre las versiones latinas de las sagradas escrituras judías y cristianas, la Vetus Latina fue usada por los Padres de la Iglesia latinos y es una traducción de un texto griego del s. II, previo a la recensión de Orígenes y con un gran valor crítico; la Vulgata Clementina (Vulgc) fue la Biblia utilizada durante la Edad Media, con reco­nocimiento oficial de la Iglesia católica desde el Concilio de Trento en 1546. En la versión Vulgata confluyen tres tradiciones textuales y exegéticas: la latina, la griega y la hebrea y fue desplazando a la Vetus latina desde los SS. VIII-IX, con múltiples revisiones medievales y modernas. Entre sus ediciones se cuentan: BIBLIA SACRA, Vulgatam Clementinam, Alberto Colunga et Laurentio Turrado, novena editio, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, MCMXCIV. Biblia Sacra Iuxta Vulgatam Versionem, edited by R. Weber, B. Fischer, J. Gribomont, H.F.D. Sparks, and W. Thiele [at Beuron and Tuebingen] Copyright © 1969, 1975, 1983 by Deutsche Bibelgesellschaft (German Bible Society), Stuttgart.

[13] Cfr. PONGUTÁ, Silvestre, Una introducción al Pentateuco, pp. 45-46.

[14] Cfr. CASTELL, Francois, Comienzos, p. 38.

[15] Von RAD, Gerhard, El libro del Génesis, p. 68.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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