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Jesús, hijo de Dios, hijo del hombre y profeta en el IV Evangelio

Siguiendo el recorrido histórico en las bodas de Caná de Galilea y en Cafarnaúm, el evangelista menciona la madre (2.1), los hermanos y los discípulos de Jesús (2.12), así pues se confirma su humanidad al tener madre y hermanos en la fe.

Si bien, hasta el momento, Jesús no se ha autodenominado “hijo de Dios” en este Evangelio, llama al templo judío de Jerusalén: casa de mi Padre (2.16, cfr. 14.2).

Entre los fariseos, el judío Nicodemo afirma que Dios está con Jesús gracias a las señales (3.3), ¿pero cómo es eso?, Jesús responde que él, Hijo del hombre, ha bajado desde cielo (3.14). Por ello, la muchedumbre que estaba al otro lado del mar (6.22) y del Tiberiades (6.23) se dirigieron a Cafarnaúm para buscar a Jesús (6.24), el pan de Dios que da vida al mundo desciende del cielo (6.33, 58), pan con el que Jesús se identifica (6.35, 6.50-51) y añade he bajado del cielo (6.38). Por tanto, no son los prodigios, sino el hombre mismo que sube y baja. De nuevo, entonces se autodenomina Jesús como hijo del hombre, este título estará junto a otros, en boca de varios personajes judíos, fariseos y griegos.

La creencia en este hombre como hijo unigénito, presentado teológicamente por el Prólogo del IV Evangelio, permite y brinda la vida eterna (3.16, 3.36, 17.2) y la salvación del mundo (3.17); para el creyente (3.18) la vida eterna es conocer al Dios verdadero y a su enviado, Jesucristo (17.3), en términos del evangelista.

Asimismo, se le llama profeta, Jesús en su encuentro con la samaritana se sienta y le pide agua, ella le llama Señor, Mesías, Cristo (4.25) y le considera profeta (4.19), el ciego de nacimiento curado por Jesús también le llama profeta (9.17) y luego de la multiplicación de los panes (6.5-13) los discípulos le llaman también profeta (5.14); a la samaritana Jesús responde afirmativamente a la pregunta de si es Mesías, diciendo: yo soy (4.26).

De seguido, la samaritana le llama también hombre al hablar de él a los hombres samaritanos de la ciudad (4.29); los mismos que luego se reunirán con y creerán en él por su palabra (4.41) como salvador del mundo (4.42, cfr. 12.47).

Jesús les habla a los discípulos y les dice trabajad por el manjar que os da el Hijo del hombre y que dura hasta la vida eterna, en este último caso, el Hijo del hombre está marcado por el Dios Padre (6.27), el manjar que ellos desconocen (4.32), es la carne del Hijo del hombre y da vida (6.53).

De nuevo, en un estanque de Jerusalén, en la puerta de las ovejas (5.2) otros llaman a Jesús hombre (5.12), pero frente a la acusación de sanación en el sábado, Jesús responde Mi Padre ha obrado y yo también (5.17), la indignación de los judíos se acrecienta al considerarse igual a Dios (5.18); Los fariseos también le acusan de no venir de Dios por no guardar el sábado (9.16), así se encuentran pues, las primeras acusaciones por parte de los judíos que no creyeron en su mensaje.

Luego, en Jerusalén, durante la fiesta de la Dedicación y en el pórtico de Salomón (10.22), los judíos le piden que afirme abiertamente ser el Mesías y Jesús les responde: os lo dije y no me creéis (10.24-25), a lo cual agrega Jesús: el Padre y yo somos una misma cosa (10.30) por ello responden los judíos violentamente pues consideran blasfemia considerarse, siendo hombre, Dios (10.31-33); la respuesta de Jesús es directa y luego evasiva, pero en ambos casos permite la creencia en él, primero responde, en la Ley, Dios llamó dioses a los que se les dirigió su palabra (10.34-35), de hecho las Escrituras también dan testimonio de Jesús (5.39); segundo, añade: creed en las obras que muestran que Dios está en él y él en el Padre (10.38) por las obras mismas (14.11), pues sus obras dan testimonio de él (10.25).

Por último, uno de sus mayores prodigios, la resurrección de Lázaro (11.38-44) es el punto culmen, por el cual los judíos desean hacerle morir (11.53); pues algunos le consideran profeta, otros Mesías (7.40-41).

Otro es el que da testimonio de Jesús (5.32), tal como Juan da testimonio para la salvación (cfr. 5.33-34), pero el testimonio de Jesús es mayor en dignidad (5.36).

Los griegos desean ver a Jesús (12.20-21), Andrés y Felipe le comunican tal deseo a Jesús, quien responde ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre (12.23), pero los griegos no comprenden cómo según la Ley el Mesías permanece eternamente y el Hijo del hombre debe ser exaltado y, por tanto le preguntan: ¿Quién es ese hijo del hombre? (12.34), Jesús sólo les dice creed en la luz, mientras la tengan, para que seáis hijos de la luz (12.36).

Sin duda las designaciones o títulos de hijo de Dios y de Hijo de hombre se encuentran en este Evangelio entrecruzadas.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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