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La anunciación en el Sagrado Corán

Dice Allah –exaltado sea– en el Sagrado Corán:

Y narra [¡Oh, Muhammad!] la historia de María que se menciona en el Libro [el Corán], cuando se apartó de su familia para retirarse a un lugar al este (مَكَانًا شَرْقِيًّا).

Y puso un velo (حِجَابًا) para apartarse de la vista [mientras adoraba a Allah] de los hombres de su pueblo. Entonces le enviamos Nuestro espíritu [el Ángel Gabriel] (رُوحَنَا), quien se le presentó con forma humana (فَتَمَثَّلَ لَهَا بَشَرًا سَوِيًّا).

Ella dijo: Me refugio de ti en el Clemente (إِنِّي أَعُوذُ بِالرَّحْمَن), si es que temes a Allah.

Le dijo: Soy el enviado de tu Señor para agraciarte con un hijo puro (إِنَّمَا أَنَا رَسُولُ رَبِّكِ لِأَهَبَ لَكِ غُلَامًا زَكِيًّا).

Ella dijo: ¿Cómo he de tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre, ni soy una indecente (قَالَتْ أَنَّى يَكُونُ لِي غُلَامٌ وَلَمْ يَمْسَسْنِي بَشَرٌ وَلَمْ أَكُ بَغِيًّا)?

Así será, le respondió, pues tu Señor dice: Ello es fácil para Mí. Y lo convertiremos en un signo para la humanidad y una misericordia (وَلِنَجْعَلَهُ آيَةً لِلنَّاسِ وَرَحْمَةً). Es un asunto decidido.

Lo concibió, y decidió retirarse a un lugar apartado (Sura Mariam (19), aleyas 16 – 22).

El término en lengua árabe ruh indica al ángel Gabriel –la paz sea con él–, el espíritu de la revelación y se emplea para describir el medio a través del cual es impartida la inspiración divina a sus profetas –la paz sea con todos ellos–. Dado que los seres humanos no tienen la capacidad de percibir a un ángel en su verdadera manifestación, a no ser que Allah –exaltado sea– así lo quiera es así como en este caso el ángel Gabriel apareció –la paz sea con él– a María en la forma de un ser humano.

María se asustó y preguntó cómo es posible la concepción de un hijo sin la relación natural entre hombre y mujer. Al respecto de la pregunta de la Virgen María[1] Allah –exaltado sea– dice en el Sagrado Corán:

Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te ha elegido y purificado. Te ha elegido entre todas las mujeres del universo (وَاصْطَفَاكِ عَلَى نِسَاء الْعَالَمِينَ).

¡Oh, María! Adora a tu Señor, prostérnate e inclínate con los orantes (وَاسْجُدِي وَارْكَعِي مَعَ الرَّاكِعِينَ).

Éstas son historias que no conocías, y te las revelamos. Tú [¡Oh, Muhammad!] no estuviste presente cuando sortearon con sus cañas para ver quién de ellos se encargaría de María, ni tampoco cuando disputaban acerca de ello.

Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te albricia con Su Palabra [¡Sé!] Su nombre será el Mesías Jesús, hijo de María (اسْمُهُ الْمَسِيحُ عِيسَى ابْنُ مَرْيَمَ). Será distinguido en esta vida y en la otra, y se contará entre los más próximos a Allah.

Hablará a los hombres en la cuna y de adulto, y se contará entre los virtuosos (وَيُكَلِّمُ النَّاسَ فِي الْمَهْدِ وَكَهْلاً وَمِنَ الصَّالِحِينَ).

Dijo: ¡Oh, Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre (أَنَّى يَكُونُ لِي وَلَدٌ وَلَمْ يَمْسَسْنِي بَشَرٌ)? Le respondió: ¡Así será! Allah crea lo que Le place. Cuando decide algo, sólo dice: ¡Sé!, y es (إِذَا قَضَى أَمْرًا فَإِنَّمَا يَقُولُ لَهُ كُن فَيَكُونُ) (Sura Al-‘Imran (3), aleyas 42 – 47).

La elección de María está precedida por la infancia que vivió al servicio de Allah –exaltado sea– en el Templo, María estuvo exenta de todo tipo de faltas. A María se le ordena la oración pues, a pesar de los dones dados por Dios, es una criatura mortal y no es una divinidad. El nacimiento de Jesús –la paz sea con él– fue una prueba visible de la infinita omnipotencia divina, pues bastó la palabra “sea” para que fuera concebido, sin necesidad de varón.

La postración de María indica su condición de musulmana, sumisa a la voluntad de Allah –exaltado sea– como lo fueron Jesús –la paz sea con él– y sus apóstoles. La purificación de María, también es narrada en un texto apócrifo: el Evangelio Armenio de la infancia (5.9) y la bendición de María narrada en el evangelio sinóptico de Lucas (1.28), poco antes del cántico de María, también conocido como Magnificat, así:

Y exclamó a gran voz y dijo: –¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

El Teólogo Xavier Pikaza expresa que el valor y la grandeza de María:

No se fundan en ninguna cualidad humana, ningún saber, influjo o riqueza de la tierra. Su grandeza se define como cercanía de Dios: ha dejado que Dios sea el Señor, ha respetado su presencia y recogido hasta el fondo su palabra. Por eso no está sola. No es una persona que se empeña en algún tipo de conquista humana. Es una mujer “con Dios”; por eso es grande, porque vive muy cerca el misterio transformante. Ha recibido el don de Dios (ha creído) y, apoyada en esta fe, su vida puede ser distinta, una expresión de la obra de Dios, un servicio que consiste en dejar que Cristo venga y en llevarlo hacia los hombres.”[2]

La esencia del Islam fue revelado a Adán y a los demás profetas como Noé, Ibrahim, Moisés, Jesús, y Muhammad –la paz sea con todos ellos– quienes obraron en conformidad con ese mensaje.

En síntesis, el Sagrado Corán reitera en diversas partes la virginidad de María como una creencia plena y sin dudas. La presentación islámica de Jesús se encuentra entre dos extremos, la de los judíos que rechazaron a Jesús como un Profeta de Dios y lo llamaron impostor y la de los cristianos quienes lo consideraron como el hijo de Dios y le rinde culto o veneración como tal.

[1] Cfr. Lucas 1.34.

[2] El Magnificat canto de liberación, citado en FRANCIA, Alfonso, María, Mujer de hoy, 15 catequesis para jóvenes y adolescentes sobre Valores Evangélicos en María, p. 29.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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