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La anunciación desde el Evangelio según Lucas

hora recorramos, versículo por versículo, este relato de la anunciación haciendo uso de la versión griega y recurriendo a su traducción latina en la versión Vulgata, reconocidas por todas las Iglesias, presentando algunas anotaciones que serán de utilidad al comparar el relato con las fuentes apócrifas cristianas  y el sagrado Corán.

Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret

1:26 in mense autem sexto missus est angelus Gabrihel a Deo in civitatem Galilaeae cui nomen Nazareth

En este versículo se hace en referencia a los seis meses del embarazo de Isabel; el nombre del ángel también está presente en el relato previo, donde se menciona un nacimiento para indicar la cronología de Jesús con respecto a Juan y la ciudad de Nazaret en Galilea para la situación geográfica. Si bien el nombre de Nazaret no aparece en el AT, en las obras de Flavio Josefo, ni en la literatura rabínica.

Ya en el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista, Lucas identificó al “ángel del Señor” con Gabriel, quien es uno de los tres ángeles que aparecen en el Antiguo Testamento con nombre propio; junto a Miguel y Rafael, el ángel Gabriel fue mencionado anteriormente, en el Evangelio según Lucas:

Respondiendo el ángel, le dijo: — Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y he sido enviado a hablarte y darte estas buenas nuevas.

1:19 et respondens angelus dixit ei ego sum Gabrihel qui adsto ante Deum et missus sum loqui ad te et haec tibi evangelizare

Gabriel, en este contexto bíblico, puede significar ‘hombre de Dios’ o ‘Dios se ha mostrado fuerte’ según R. E. Brown o ‘Dios es mi héroe’, ‘Dios es mi guerrero’ según J. Fitzmeyer[1].

Si bien  en el V. 1–26 puede traducirse por ‘desde Dios’, es decir, ‘desde el cielo’, gracias a su connotación espacial, puesto que la preposición griega y hebrea en el caso de los verbos pasivos indica también ‘por’ para expresar el sujeto activo, en este caso, Dios.[2]

A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

1:27 ad virginem desponsatam viro cui nomen erat Ioseph de domo David et nomen virginis Maria

Entrando el ángel a donde ella estaba, dijo: — ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

1:28 et ingressus angelus ad eam dixit have gratia plena Dominus tecum benedicta tu in mulieribus

El término griego cai/re, fue traducido al latín por gratia, del cual proviene el término en español gracia, éste constituye un saludo matinal a la luz o un llamado a la alegría que junto con la bendición en el kecaritwme,nh se ha interpretado, por los católicos, como una llamada profética a la hija de Sión. Este saludo es un acto de gracia, puesto que “la visita es ya un acto de gracia”[3],

Pero ella, cuando lo vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

1:29 quae cum vidisset turbata est in sermone eius et cogitabat qualis esset ista salutatio

Entonces el ángel le dijo: — María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

1:30 et ait angelus ei ne timeas Maria invenisti enim gratiam apud Deum

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

1:31 ecce concipies in utero et paries filium et vocabis nomen eius Iesum

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre

1:32 hic erit magnus et Filius Altissimi vocabitur et dabit illi Dominus Deus sedem David patris eius

La identificación de Jesús como el Mesías davídico descendiente de David, está en consonancia con las expectativas mesiánicas del judaísmo palestinense precristiano; pero la literatura judía precristiana, de la cual provienen estas expectativas mesiánicas, nunca atribuye al Mesías que ha de venir el título explícito de Hijo de Dios[4]; es decir, los judíos no atribuyeron al Mesías el título de Hijo de Dios, propio de las comunidades que fueron fundadas por Pablo.

 Reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin.

1:33 et regnabit in domo Iacob in aeternum et regni eius non erit finis

 

Entonces María preguntó al ángel: — ¿Cómo será esto?, pues no conozco varón.

1:34 dixit autem Maria ad angelum quomodo fiet istud quoniam virum non cognosco

La primera intervención de Maria, precedida por el verbo “dijo (ei=pen, en latín dixit)” es una pregunta concreta, más que un decir, una pregunta que pide una explicación por parte del ángel. Maria no pide una señal, como en otros relatos de la anunciación, sino que pide una explicación debido a que en su estado actual de virginidad no es posible la concepción de un hijo.

Respondiendo el ángel, le dijo: — El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios.

1:35 et respondens angelus dixit ei Spiritus Sanctus superveniet in te et virtus Altissimi obumbrabit tibi ideoque et quod nascetur sanctum vocabitur Filius Dei

La concepción por obra del Espíritu divino es un desarrollo ajeno del mesianismo judío y de la cristología de la Iglesia primitiva[5], este tipo de concepción, en la teología católica, es un misterio. El término ‘espíritu’ en lengua hebrea es un sustantivo femenino y no puede aplicarse como principio activo de la concepción; pero “Lucas escribe en griego, no en hebreo, y no está probado que haya usado ninguna fuente escrita semítica”[6], hebrea en este caso.

Aquí el espíritu carece de artículo, como en la anunciación de Mateo (1.18) donde se le llama espíritu santo (pneu/ma a[gion) y significa tanto fuerza como espíritu, una fuerza que desciende sobre la madre para la concepción.

Y he aquí también tu parienta Elisabet, la que llamaban estéril, ha concebido hijo en su vejez y este es el sexto mes para ella

1:36 et ecce Elisabeth cognata tua et ipsa concepit filium in senecta sua et hic mensis est sextus illi quae vocatur sterilis}

 

Pues nada hay imposible para Dios.

1:37 quia non erit inpossibile apud Deum omne verbum

La concepción humana a partir del espíritu debe entenderse desde la omnipotencia divina, pues para Dios –exaltado sea– no hay nada imposible, ya en el Génesis (18. 14) se concreta su omnipotencia, en la promesa al profeta Abrahán –La Paz sea con él– y a Sara de un hijo:

¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios? Al tiempo señalado volveré a ti, y para entonces Sara tendrá un hijo.

numquid Deo est quicquam difficile iuxta condictum revertar ad te hoc eodem tempore vita comite et habebit Sarra filium

 

Entonces María dijo: –He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella.

1:38 dixit autem Maria ecce ancilla Domini fiat mihi secundum verbum tuum et discessit ab illa angelus

La segunda intervención de Maria, también precedida por dijo (ei=pen), no es una pregunta, si no una aceptación de lo anunciado por el ángel. Según J. Fitzmyer, “el rasgo más significativo de la personalidad de María, […] es su autodefinición como “la esclava del Señor””[7], tal cual la define el Sagrado Corán pues aceptar el anuncio del ángel, es aceptar la voluntad de Dios. Recordemos que ángel en griego significa mensajero, de allí que no hay sumisión a Dios sin aceptación de sus mensajeros.

Según el teólogo Garrigou–Gagrage:

“Lo que más admira a las almas interiores en la Santísima Virgen, en el día de la Anunciación, es el total olvido de sí misma, que es seguramente el summum de la humildad. No pensó más que en la voluntad de Dios, en la importancia de este misterio para la gloria divina y para la salvación de las almas. Dios, grandeza de los humildes, ha sido su única grandeza, y por lo tanto su fe, su confianza y su generosidad han estado a la altura del misterio en el que debía participar.”[8]

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC, 148 y 273), “la Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, […]” y más adelante “Sólo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios. […] De esta fe, la Virgen María es el modelo supremo: ella creyó que “nada es imposible para Dios” (Lc 1,37) y pudo proclamar las grandezas del Señor: “el Poderoso ha hecho en mi favor maravillas, Santo es su nombre” (Lc 1,49).

[1] Cfr. FITZMYER, Joseph A., El Evangelio según San Lucas, II, p. 85.

[2] Cfr. FITZMYER, Joseph A., El Evangelio según San Lucas, II, p. 109.

[3] BOVON, François, El Evangelio según San Lucas, tomo I, p. 110.

[4] Cfr. FITZMYER, Joseph A., El Evangelio según San Lucas, II, p. 101.

[5] Cfr. BOVON, François, El Evangelio según San Lucas, tomo I, p. 104.

[6] Cfr. ORCHARD, B. et al, Verbum Dei, Comentario a la sagrada escritura, tomo tercero, p. 574.

[7] FITZMYER, Joseph A., El Evangelio según San Lucas, II, p. 105.

[8] GARROGOU-LAGRANGE, Reginald, La madre del salvador y nuestra vida interior, Mariología, p. 95.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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