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Manifestación histórica de Jesús según el IV Evangelio

Juan señala a Jesús como Cordero de Dios (1.29, 36), luego Jesús frente a dos de sus discípulos pasa de ser testimonio (cfr. 1.30) a ser actuación histórica; aun así, el testimonio de Juan es tan fuerte que los primeros discípulos oyen las palabras de Juan y siguen a Jesús (1.40) pues el testimonio de Juan es también de Dios[1], según su teología de allí que, entre otras razones, le sigan ambos, Simón-Pedro y Andrés, de Betania (?) a Galilea, en donde Felipe recibe la exhortación de Jesús: sígueme (1.43), el mismo que le comunica a Natanael la noticia de Jesús, Hijo de José, el de Nazaret, del mismo que escribieron Moisés en la Ley y los profetas (1.45, cfr. 5.46).

En esta conversación de Jesús con sus primeros seguidores y los no creyentes, Natanael, un israelita inicialmente incrédulo del hombre llamado Jesús de Nazaret, termina por llamarle Hijo de Dios y Rey de Israel (1.49); es decir, que, en este Evangelio, Natanael pasa de ser un incrédulo a creer en el hombre como hijo de Dios y rey.

Asimismo, en la entrada de Jesús en Jerusalén (12.12-18) le llamarán Rey de Israel (12.13). Luego de la pre-visión que Jesús tuvo de aquel que estaba en la higuera, Natanael, Jesús mismo promete otros prodigios que suben y bajan sobre el hijo del hombre (1.51) aparte de la pre-visión. Con lo cual se encuentran ambas designaciones –Hijo de Dios e Hijo del hombre–, dentro del plano de la manifestación histórica y en medio de sus diálogos con sus primeros seguidores y con los no creyentes. De seguido, los discípulos en la última cena (13.2-12) le llaman el Maestro y el Señor (13.13).

Por lo tanto, los diferentes títulos teológicos para Jesús más adelante, en el mismo Evangelio se encuentra el paradigma de la manifestación histórica, en una respuesta de Jesús a la pregunta ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús de Nazaret. Jesús les dijo: Yo soy (18.5); es decir, este Evangelio busca presentar histórica, con el título de Jesús de Nazaret y teológicamente, con el título de hijo de Dios.

[1] SCHNACKENBURG, Rudolf, El evangelio según San Juan, Versión y comentario, tomo primero, introducción y capítulos 1-4, p. 269.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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