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La anunciación en las fuentes apócrifas cristianas

Entre las múltiples fuentes apócrifas que existen del Nuevo Testamento, el Protoevangelio de Santiago –también llamado Historia de la Natividad de Maria en muchos manuscritos– incluye episodios del nacimiento y la infancia de Maria no presentados en las narraciones sinópticas de Mateo, Marcos y Lucas.

Este evangelio fue oficialmente rechazado por el decreto Gelasiano (S. VI) y permaneció desconocido hasta el S. XVI; conservado por la Iglesia oriental, fue traducido por Guillaume Postel del griego al latín, si bien se contiene en muchos papiros griegos como el Bodmer Y (S. III/IV) y en versiones siríacas, armenias, georgianas, etíopes y coptas usadas en la liturgia oriental.[1]

Este evangelio es un ejemplo de cómo la antigua tradición de las iglesias orientales y sus versiones del Nuevo Testamento en lenguas diferentes de la versión griega nos relatan y complementan la historia de Jesús –La Paz sea con él–; historia que a pesar de no ser aceptadas por todas las iglesias confirman, o al menos, concuerdan con la historia narrada en el sagrado Corán. Leamos entonces la Historia de la Natividad de María:

XI 1. Y María tomó su cántaro, y salió para llenarlo de agua. Y he aquí que se oyó una voz, que decía: Salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo, y bendita eres entre todas las mujeres. Y ella miró en torno suyo, a derecha e izquierda, para ver de dónde venía la voz. Y, toda temblorosa, regresó a su casa, dejó el cántaro, y, tomando la púrpura, se sentó, y se puso a hilar.

Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante el Dueño de todas las cosas, y concebirás su Verbo. Y María, vacilante, respondió: Si debo concebir al Dios vivo, ¿daré a luz como toda mujer da?

Y el ángel del Señor dijo: No será así, María, porque la virtud del Señor te cubrirá con su sombra, y el ser santo que de ti nacerá se llamará Hijo del Altísimo. Y le darás el nombre de Jesús, porque librará a su pueblo de sus pecados. Y María dijo: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.

[1] Cfr. VIELHAUER, Philipp, Historia de la literatura cristiana primitiva, Introducción al nuevo testamento, los apócrifos y los padres apostólicos, p. 697.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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