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La creación del hombre en el Sagrado Corán

El sagrado Corán presenta en diferentes lugares y de muy diversas maneras cómo se expresa la grandeza de la creación divina en la creación de la humanidad, aquí se citarán las más cercanas a la presentación judía del primer relato.

32.7 Quien perfeccionó todo lo que ha creado, y comenzó la creación del hombre [Adán] a partir de barro.

الَّذِي أَحْسَنَ كُلَّ شَيْءٍ خَلَقَهُ وَبَدَأَ خَلْقَ الْإِنسَانِ مِن طِينٍ {7}

La creación divina en su totalidad es bella, armoniosa en sí misma y cumple la función que Dios le ha otorgado, no hay en ella maldad, desorden o caos; a excepción del ser humano, de otra manera gracias a la voluntad humana que puede escoger su manera de obrar en tanto creación.

Dios ha creado cada ser con una función, el verbo crear se encuentra en tiempo pasado, pero, como es común en el sagrado Corán, los actos divinos, como el acto de la creación, remiten a un incesante presente que se convierte en futuro por lo que puede traducirse en un modo perfecto como: “es aquel que ha creado todo” o en un modo gerundio como: “es aquel que está creando todas las cosas”, para darle la comprensión más temporal, tal como se presentará en las siguientes citas coránicas.

95.4 Que ciertamente creamos al hombre con la más bella conformación.

لَقَدْ خَلَقْنَا الْإِنسَانَ فِي أَحْسَنِ تَقْوِيمٍ {4}

Es decir, con la mejor constitución física y mental, el hombre es la mejor criatura de Dios (Daryabadi).

82.7 Quien os creó y os dio una bella conformación

الَّذِي خَلَقَكَ فَسَوَّاكَ فَعَدَلَكَ {7}

Ante la grandeza del proceso de la creación el hombre ha de reconocer el poder, la sabiduría y la misericordia de Dios; esta es la gracia de Dios, ¡su creación! Y es mediante su creación que reconocemos su poder, misericordia y sabiduría.

96.1 ¡Lee! [¡Oh, Muhammad!] En el nombre de tu Señor, Quien creó todas las cosas.

96.2 Creó al hombre de un cigoto. [Traducción de Julio Cortes: ha creado al hombre de sangre coagulada [célula embrionaria]!]

96.3 ¡Recita! Tu Señor es el más Generoso,

96.4 [Traducción de Julio Cortes:] que ha enseñado el uso del cálamo [pluma],

96.5 Y le enseñó al hombre lo que no sabía.

اقْرَأْ بِاسْمِ رَبِّكَ الَّذِي خَلَقَ {1}

خَلَقَ الْإِنسَانَ مِنْ عَلَقٍ {2}

اقْرَأْ وَرَبُّكَ الْأَكْرَمُ {3}

الَّذِي عَلَّمَ بِالْقَلَمِ {4}

عَلَّمَ الْإِنسَانَ مَا لَمْ يَعْلَمْ {5}

Esta es la primera revelación que el ángel Ŷibraīl –la paz sea con él– transmitió al Profeta Muhammad –la paz y las bendiciones de Dios sean sobre él– en los últimos días del mes de ramadán, trece años antes de la emigración; sin duda, las múltiples implicaciones de estas primeras aleyas son inconmensurables; por ello aquí se presenta sólo algo básico dentro de la creación y en ellas se relaciona la creación del hombre con la búsqueda del conocimiento y la recitación del Sagrado Corán.

Las cinco primeras ayat de esta sura también se relacionan con la recitación (qur‘an), y comienzan con un verbo en modo imperativo: ¡lee, recita! Es decir, el Dios creador ordena a su Profeta -la paz y las bendiciones de Dios sean sobre él-; recitar el nombre de su señor que ha creado a la humanidad y para ello usa el verbo crear (ḫalaqa) en tiempo pasado de la tercera persona del singular, lo cual puede indicar un acto constante de creación (ḫalq) que se repite continuamente.

En estas aleyas se reúnen las acciones de aprender, saber (‘alama) con la palabra pluma o cálamo (qalam), lo cual crea una armonía en el campo semántico de acciones como relacionadas: leer, escribir, aprender.

El nombre de esta corta sura –19 ayats– ‘la célula embrionaria’[1] o ‘la sangre coagulada’[2] (al-‘alaq) indica una bella, fuerte y condicionante relación entre la orden divina y la creación; la primera palabra que Dios dirige a su profeta Muhammad y a la humanidad entera en su última revelación será en modo imperativo: ¡recita!, es, pues, un llamado a la sumisión al señor creador de los hombres mediante la recitación, es decir el Sagrado Corán.

Según una tradición islámica, Muhammad responde a esta orden[3] con una vacilación, propia de los humanos, ya que los profetas –la paz y las bendiciones de Dios sea con todos ellos– también son seres humanos y por lo tanto creados, dice: ¿cómo voy a recitar si no sé leer?

El hombre puede acumular conocimientos, transmitir pensamientos, comunicar sus experiencias, preocupaciones y esperanzas, adquirir conocimientos de hace miles de años, lo que lo lleva a sentirse y creerse autosuficiente, como si el conocimiento de la creación le permitiera hacer con ella su voluntad inclusive dominar a otros hombres.

En el inicio de otra surá también se presenta la relación entre el conocimiento, la revelación divina y la creación del hombre:

55.1 [Allah es] El Clemente,

55.2 Quien enseñó el Corán,

55.3 Creó al ser humano,

55.4 Y le enseñó la elocuencia.

الرَّحْمَنُ {1}

عَلَّمَ الْقُرْآنَ {2}

خَلَقَ الْإِنسَانَ {3}

عَلَّمَهُ الْبَيَانَ {4}

El compasivo (ar-rahman) es uno de los nombres divinos y a la vez da nombre a esta surá, significa aquel cuyas muestras de gracia y bondad son innumerables e inabarcables; el mayor de sus dones es la recitación.

[1] Según Muhammad Asad.

[2] Según Julio Cortes y el Tafsir al-Montajab.

[3] “Una tradición pone en boca de Mahoma las siguientes palabras: Dormía cuando Gabriel me trajo un paño de seda repleto de letras. Me dijo: -lee-. Pregunté: -¿Qué debo leer?-. Entonces me estrechó con el paño de tal modo que creí que iba a morir. En seguida me soltó y repitió: -lee- (la escena se repite tres veces). Temeroso de que por cuarta vez volviera a acosarme le pregunté: -¿Qué debo leer?-. y él recitó: “-Recita en el nombre de tu Señor, Que ha creado, ha creado al hombre de sangre coagulada!¡Recita! Tu Señor es el Munífico, que ha enseñado el uso del cálamo, ha enseñado al hombre lo que no sabía.”-. Así lo hice y Gabriel me dejó. Al despertar me pareció que aquellas palabras habían quedado grabadas en mi corazón. Salí de la gruta y mientras estaba de pie en el monte oí una voz del cielo que me llamaba y decía: -¿Mahoma! Tú eres el Enviado de Dios y yo soy Gabriel-. Levanté la cabeza y vi a Gabriel. Era un hombre con alas, tenía los pies apoyados en el horizonte y pregonaba: -¿Mahoma! Tú eres el Enviado de Dios y yo, Gabriel-. Quedé inmóvil observándolo, sin poder avanzar ni retroceder. Aparté después la vista de él, pero en cualquier dirección en que miraba al horizonte, le veía con el mismo aspecto. Sura 96, nota a 1 – 5, Traducción de Juan Vernet. Cfr. Bujari (Bab’ al-Wahī) y versiones cercanas en las colecciones de Muslim, Nasa’i y Tirmidi.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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