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Títulos cristológicos en el Evangelio según Juan

Puede encontrarse una variedad de títulos cristológicos a partir de la teología de este Evangelio, además de Hijo del hombre y de Hijo de Dios, entre ellos pueden citarse:

Jesús es Juicio

La capacidad del juicio de Jesús no es para emitir sentencias, condenar o juzgar a alguien (cfr. 8.11, 8.15); Jesús vino para juicio a este mundo para hacer ver o no ver (9.39), y cuando juzga lo hace conforme a la verdad (8.16).

Jesús es la Luz

Jesús les dice a escribas y fariseos (8.3), frente a la mujer sorprendida en adulterio (8.3-9): Yo soy la luz de mundo (8.12), en un sentido físico y terrenal; así mismo, Jesús en la curación del ciego de nacimiento (9.1-7) dice: mientras estoy en el mundo, luz del mundo soy (9.5).

Y en relación con su divinidad Los que creen en Jesús, creen en aquel que le envió, quienes le ven, ven en él a Dios (12.44-45), siendo así que el que ve al Hijo y cree en él tendrá vida eterna (6.40), pues Jesús es como la luz del mundo (12.46).

Jesús es la Palabra

Por una parte, según el evangelista, Jesús es el enviado que habla las palabras de Dios (3.34); por otra parte, Jesús considera que es el Padre quien ha enviado la Palabra (14.24). Y es de la Palabra que se recibe la posibilidad de ser hijos de Dios[1]; así pues Jesús es un enviado del Padre.

Jesús es el enviado de Dios

En el IV evangelio, con cierta frecuencia Jesús repite la fórmula ‘el que me envió’, ha dado testimonio de mi (5.37), aquel que está conmigo (8.29), del que salí y he venido (8.42, cfr. 7.28), en nombre del Padre (5.43), desde aquel por el cual vienen a mí (6.44), como fuente de vida que es el Padre (6.57), de quien es la doctrina (7.16).

Jesús es voluntad del Padre

Cuando el Hijo del hombre sea levantado en alto se conocerá que lo que él hizo, dijo y es, es según le enseñó el Padre (8.28), pues él hace la voluntad del que le envío (6.38), las obras de Jesús son en nombre del Padre (10.25), habla por la iniciativa del Padre que le envió y le dio la orden (12.48, cfr. 14.31), y es encargado por el Padre (12.50); en suma, las palabras y las obras de Jesús son del Padre pues el uno está en el otro (14.10-11, cfr. 14.20), de otra forma: el Padre está conmigo (16.32). Jesús es siervo de Dios, por ello cumple la voluntad y las órdenes del Padre.

Jesús le llama mi Padre

Otra fórmula en este evangelio es: mi Padre (8.38), más que el Padre (cfr. 8.28), ‘mi Padre’ indica la filiación cercana, humana y divina, según sus diferentes contextos.

Para diferenciarse del padre de Israel, Abraham (8.39) y de Moisés (6.32), quien honrará al que le sirva (12.26), Jesús usa alegorías: yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador (15.1), para mostrar la filiación de Jesús; quien desea declarar su posición única con respecto a Él[2].

Jesús ha visto al Padre

Jesús es aquel que ha visto al Padre (6.46) y quien ha visto a Jesús a visto al Padre (14.9), se le ve por medio de Jesús.

Jesús procede de y retorna al Padre

Desde el Prólogo del VI Evangelio se plantea la procedencia ontológica del hijo unigénito, luego será filial, divina y humana.

Luego Jesús según el evangelio se expresa: Yo de Dios salí y he venido (8.42); El que es de Dios, escucha las palabras de Dios (8.47); de quien provengo como enviado y a quien no conocéis (7.28) y a quien yo conozco porque de él procede mi existencia (7.29).

Jesús les pregunta a los discípulos ¿qué [pasaría] si vieres al hijo del hombre subir a donde estaba primero? y añade el espíritu es el que vivifica; la carne de nada aprovecha (6.62-63); así pues el Hijo del hombre terrenal retorna a su preexistencia, del mismo del que procede su existencia (7.29), Jesús va al Padre (14.12, cfr. 14.28), al que le envió (16.5); viene del Padre al mundo y deja al mundo para ir al Padre (16.28, cfr. 8.23), cerca al retorno: voy a ti (17.11, 13). Esta subida al Padre es explicada en la aparición a María Magdalena junto al sepulcro (20.11-18): subo al Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios (20.17) para cerrar la filiación.

El creyente también ejerce el retorno al Padre por medio de Jesús como prototipo, el camino, la verdad y la vida (14.6).

Lo cual demuestra la gran carga teológica de este evangelio para mostrar mediante la vida de Jesús su filiación divina.

[1] SCHNACKENBURG, Rudolf, El evangelio según San Juan, Versión y comentario, tomo primero, introducción y capítulos 1-4,  p. 279.

[2] AUER, J., Curso de Teología dogmática (tomo IV/1), Jesucristo, hijo de Dios e hijo de María, p. 139.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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