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Jesús Hijo del hombre, la búsqueda el “Jesús histórico”

El Jesús histórico

“La variedad de las imágenes hace sospechar que las semblanzas o retratos de Jesús son en realidad autorretratos de sus autores”[1].

Se presenta aquí un recuento de las opiniones, investigaciones y disputas en torno a la figura de Jesús como Hijo del hombre enmarcados en los progresos, investigaciones y conclusiones de los últimos siglos frente a las fuentes, los métodos y las consecuencias de la búsqueda de intención histórica sobre Jesús de Nazaret.

Por ello, aquí sólo se tratará el aspecto terrenal en tanto hijo del hombre. De hecho, para autores como J. Mateos y F. Camacho “la expresión “el Hijo del hombre” designa en los evangelios al hombre en su plenitud, que incluye la condición divina. Se refiere, en primer lugar, a Jesús, pionero y prototipo de la plenitud humana, y engloba a los que van camino de esa plenitud.”[2]

Primera búsqueda (de Reimarus a Bultmann)

La cuestión para el Jesús histórico es por una parte históricamente imposible y por otra teológicamente ilegítima [Rudolf Bultmann]”[3].

Durante las primeras fases de la investigación histórica sobre la vida de Jesús se encuentra la distinción inicial, postulada por Armann Samuel Reimarus (1694-1768) “entre la predicación de Jesús y la fe de los apóstoles en Cristo”; es decir, entre la predicación de Jesús y los escritos de los apóstoles, predicación enmarcada en “la religión judía de su tiempo”[4]; por ello, A. S. Reimarus distingue el mensaje mesiánico y el anuncio apostólico. En otras palabras: lo predicado por Jesús no sería lo mismo que predicaban y creían sus apóstoles.

Para este autor, en medio de otras discusiones, “el Jesús de los evangelios es una invención de los discípulos”[5] y la declaración de Mesías por parte de los mismos se da en consonancia con el libro de Daniel (cfr. capítulo 7) lo cual llevó a considerar los relatos evangélicos con fidelidad variable en torno a los dichos (lat. verba y gr. logia)[6] y hechos (lat. facta) de Jesús. Sin duda cada evangelio es tan diferente el uno del otro como para plantear diversas imágenes de Jesús.

Luego, David Friedrich Strauss (1808-1874) aplica a los evangelios el concepto de ‘mito’, según el cual los evangelios serían una interpretación mítica de la predicación de Jesús, por lo que “la idea de la humanidad de Dios, se realiza en el individuo histórico que es Jesús”[7]; para este autor los atributos de Jesús han de aplicarse a la humanidad o al género humano en general[8] y no es posible escribir la vida de Jesús desde la presentación histórica de los evangelios, pues ellos incluyen la fe trasmitida, es decir, además de su historia incluyen la teología de sus autores; de allí que Strauss rechace cualquier intervención divina y, por tanto, la encarnación de Dios de Jesús[9], idea que concuerda con las creencias y la presentación islámica del profeta Jesús –la paz sea con él–.

Posteriormente, comienza la aparición de ‘vidas de Jesús’ de corte romántico, fantástico o ficticio, entre ellas las de J. J. Hess, J. G. Herder, K. F. Bahrdt, H. E. G: Paulus y el gran intelectual Friedrich Schleiermacher (1768-1834).

  1. C. Baur y Heinrich Julius Holtzmann (1832-1910) renuevan la base metodológica desde las fuentes evangélicas, en ella se propone que los Evangelios sinópticos poseen una primacía sobre el IV evangelio y que Marcos y Q –la fuente hipotética de los evangelios- son más antiguos y fiables para el estudio del Jesús histórico[10], pues para muchos, se ha creado la convicción de que no es posible llegar a la persona histórica de Jesús por los evangelios basados en la fe de Cristo[11], entre ellos Rudolf Bultmann; el mismo F. C. Baur pensaba en una interpretación mítica: “revestimiento en forma histórica de ideas religiosas, modeladas por el poder creativo de la leyenda y encarnadas en una personalidad histórica”[12]; en otras palabras la fe en ‘Cristo’ ha distorsionado la historia del Profeta Jesús en el IV evangelio y, por extensión, en las cartas de Pablo, según estos investigadores.
  2. Schweitzer (1875-1965) mostró que las diversas figuras de Jesús revelaban las diferentes comprensiones del ideal ético supremo de cada autor[13], forjando así la personalidad de Jesús según un ideal; este autor presenta a Jesús, “dentro del movimiento apocalíptico judío y lo considera un profeta apocalíptico que sube a Jerusalén para morir allí y acelerar de este modo la venida del Reino de Dios”[14].

En el marco de la Escuela de la historia de las religiones y sus métodos comparados, W. Bousset (1865-1920) planteaba “que la dogmática judía sobre el Hijo del hombre había sido incorporada a Jesús, y a partir de ahí se formó la fe de la comunidad palestina; pero aparte de este grupo existía también la comunidad helenística procedente del paganismo, en ella nació la adoración de Jesús como Kyrios[15], aun así, para otros de la misma escuela como J. Wellhausen, “el título de “Hijo del hombre” significaba en boca de Jesús simplemente “hombre”.

Tras su muerte se transformó el apelativo –por obra de la comunidad de creyentes– en título mesiánico y se le adscribió una filiación divina real”[16], ambas opciones difieren en el modo de comprender y designar en los inicios a Jesús, pero convergen en la designación de Jesús como hijo del hombre, más humano que divino, y sólo después de su muerte la idea de la filiación divina aparece en el ámbito greco-palestino procedente del paganismo, según estos investigadores, quienes la relacionan con el Mesías en el ámbito palestino y helénico.

[1] THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 30. La figura de Jesús de los historiadores corresponde a los respectivos métodos y metodologías de reconstrucción, cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 60, nota # 3.

[2] PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 59, nota # 2.

[3] MEIER, John, “El actual estado de la ‘tercera cuestión’ del Jesús histórico: pérdidas y ganancias”, § 2.

[4] THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 19.

[5] PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 73.

[6] La sigla lat. remite a la lengua latina y gr. a la lengua griega.

[7] THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 21.

[8] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 21, nota 7.

[9] Cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 75.

[10] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 21.

[11] Cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 71.

[12] Cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 75.

[13] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 22.

[14] Cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 76.

[15] Cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 83.

[16] Cfr. PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 84.

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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