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La anunciación en el Evangelio armenio de la infancia

El Evangelio armenio de la infancia, análogo al Evangelio árabe de la infancia y dependiente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio de Tomás con grandes ampliaciones, contiene un largo diálogo entre el ángel Gabriel y la virgen María en el capítulo V y en el cual:

  1. Se narra la fecha de la anunciación –“año 303 de Alejandro, el 31 del mes de adar, el primer día de la semana, a la hora tercera del día”– cuando María buscaba agua en una fuente con un cántaro, escuchó una voz y se turba, mira de “derecha y a izquierda”, pero al no encontrar a a nadie se encierra en su casa llena de preguntas[1].
  2. Ora durante tres horas y pide a Dios misericordia para que no la entregue a las “tentaciones del seductor y a las emboscadas del enemigo” porque confía en que Dios le guardará su virginidad intacta, luego de lo cual se pone a hilar.
  3. Llega “el ángel del Señor” y, con las puertas cerradas, este ser incorpóreo que se presentó “bajo la apariencia de un ser corpóreo” le anuncio el mensaje; lo cual concuerda con el relato del Evangelio según Lucas y del Sagrado Corán, pero en el Evangelio armenio de la infancia se aclara que él es el ángel Gabriel, luego de la respuesta de María ampliada en este evangelio apócrifo, el ángel Gabriel le explica:

“No concebirás de una criatura, ni de un marido, ni de la voluntad de un hombre, sino del poder y de la gracia del Espíritu Santo, que habitará en ti, y que hará de ti lo que le plazca.”

A lo cual Maria responde con perplejidad pues dice “me parece extraordinario y duro de creer”. Al respecto del relato de Lucas, J. Fitzmyer anotaba que “María captó inmediatamente las implicaciones del mensaje que iba dirigido a ella. De ahí su perplejidad.”[2]

4-5. En los parágrafos siguientes el diálogo se amplía a una serie de preguntas, respuestas y cuestionamientos de diversa índole.

El ángel promete que su virginidad permanecerá intacta, pues “la entrada del Verbo divino no violará tu vientre, y, cuando salga de él, con su carne, no destruirá tu pureza inmarchita”, a pesar de esta promesa, María pregunta al ángel, pues “¿a quién podré descubrir mi situación, y persuadirlo de que no miento?”.

María no duda de las palabras del ángel, se siente dichosa, pero se estremece de los anuncios y respuestas del ángel, Maria le explica: “tú conoces la naturaleza humana y su incredulidad en toda materia”.

Luego, María dice: “creo en tus discursos, sé que es verdad lo que hablas, y acepto tus órdenes”. Pero ¿cómo guardar su santidad frente a los sacerdotes y el pueblo? A lo que el ángel responde:

“Esto no es obra del hombre, y el fenómeno de que te hablo no provendrá de nadie, y el mismo Señor lo realizará en ti”

Luego, el ángel la abandonó.

Y “el Verbo divino penetró en ella por su oreja”, quedando purificada y convirtiéndose en “la mansión del Verbo divino”[3].

[1] Entre ellas: “¿Qué saludo es que se me ha hecho? ¿Cuál es el que me conoce, y sabe de antemano quién soy? ¿A quién he visto yo que pueda hablarme en esos términos?”.

[2] FITZMYER, Joseph A., El Evangelio según San Lucas, II, p. 121.

[3] También se da la fecha: “era el 15 de nisan, lo que hace el 6 de abril, un miércoles, a la hora tercera del día.”

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© Julio César Cárdenas Arenas (@Profeabuismail)

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