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Los dichos de Jesús y La fuente (“Q”)

 ‘Pre-historia’ de Q, desde el siglo II al siglo XIX

Desde el siglo XIX la investigación en torno al documento Q será favorecido por un problema de investigación que durante siglos ha sido primordial para el Mensaje cristiano, la Iglesia cristiana y la Santa Sede, a saber, ‘el problema sinóptico’, es decir, la confiabilidad, particularidad y textualidad de los evangelios sinópticos, pues los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas narran una historia semejante de Jesús en un orden cercano, mientras que el Evangelio según Juan no los comparte; la respuesta de los investigadores en el siglo XIX fue: Mateo y Lucas compartieron dos de sus fuentes: Marcos y una colección ya desaparecida de dichos usualmente denominada Q o documento Q.

Así pues, “el punto de partida de los estudios sobre Q era el presupuesto de que este documento había sido elaborado por el apóstol Mateo en arameo una obra de la cual nada habría sobrevivido”[1]; esto garantizaba teológicamente la ‘apostolicidad del escrito’ y, a la vez, hacía difícil el acceso a Q, tal como se verá en adelante.

Los dichos de Jesús

Los dichos de Jesús son llamados según el término griego en plural lo¿gia [logia] del singular lo¿gion [logion] y lo¿goi [logoi] en relación con lo¿goj [logos], tal denominación de los logia se utilizó a principios del siglo II por el Padre de la Iglesia Apostólico, Papías de Hierápolis, quien fue contemporáneo de Policarpo, Justino y Marción, elogiado por Ireneo de Lyon y criticado por Eusebio de cesárea, al referirse al Evangelio según Mateo; este Padre de la Iglesia en su tratado titulado Explicación de los Dichos del Señor realiza la primera exégesis de los dichos de Jesús, para lo cual utiliza los evangelios según Mateo[2], Marcos[3] y Juan, de este tratado sólo se conservan fragmentos del Prefacio[4], citados por el historiador de la Iglesia antigua Eusebio de Cesárea, tal como Ireneo de Lyon los conoció.

Uno de los logia citado por Papías en referencia al Evangelio según Mateo para darle ‘apostolicidad’ a su escrito se presentó como referencia para hablar de la existencia del documento Q según los investigadores del siglo XIX, entre ellos el teólogo calvinista alemán Schleiermacher[5] para quien, además de la referencia de Papias a la composición de los dichos en dialecto hebreo, a saber, el arameo, por parte de Mateo existe otra fuente perdida, escrita por el apóstol; así lo proponía en 1832:

“Mateo escribió una colección de dichos de Jesús que contenía sentencias individuales o discursos más extensos, o ambas cosas a la vez”[6].

Si bien Schleiermacher no descubrió Q, puede decirse que creó el problema de investigación del origen apostólico de los logia, que después serán llamados en lengua alemana Quelle, es decir ‘fuente’.

Luego, en 1838, el filósofo de Leipzig Hermann Weisse[7] presentó el argumento sobre el que se fundamenta la existencia de Q, según el cual, tanto Mateo como Lucas utilizaron el evangelio de Marcos y una colección de dichos, fuente que fue designada con la letra Q, así afirmaba:

 “Si aceptamos en relación con la obra mencionada [el evangelio de Lucas] que se sitúa respecto a Marcos en una relación similar a la del evangelio de Mateo y que, como éste último [Mateo]. Sólo que con más libertad y buscando un cierto pragmatismo en la narración entreteje en la trama de la narración de Marcos los lo¿gia [dichos] de Mateo además de un impresionante número de otras informaciones adicionales, […]”[8].

Lo cual ha llevado a una convicción actual, según la cual Marcos y la colección de dichos (Spruchsammlung) de Mateo son fuente común para Marcos y Lucas, Wiesse llamó a esta fuente perdida ‘el auténtico Mateo’, pero dudaba si había sido usada por Mateo y Lucas en su lengua aramea original o en la traducción griega.

En 1863, Heinrich Julius Holtzmann presentó una comparación entre los dichos de Mateo y Lucas que llevó a la aceptación general de Q, según él:

“[…] Existe otra fuente griega compartida por Mateo y Lucas. En lo sucesivo, y en espera de que se demuestre cuál es su naturaleza precisa, designaremos dicha fuente con la sigla L (lo¿gia)”[9].

Además de las referencias a el Evangelio de Tomás por parte de Bernhard P. Genfell, Arthur S. Hunt, así como de J. Rendel Harris, estos investigadores a partir de la publicación del papiro Oxyrhynco 1 comenzaron a poner en duda el término ‘logia’, en especial los dos últimos, pues en este papiro los dichos comienzan con la fórmula lo¿goi vIhsou= y no lo¿gia vIhsou= como se venía afirmando desde Papías. Al punto que J. Armitage Robinson en 1902 rechaza el uso del término lo¿gia para Q.

Además, posteriormente Robinson mostró cómo en el siglo I[10] se utilizó lo¿goi para los dichos; así mismo, Adolf Harnack[11] en el siglo pasado (1907) propuso el título de lo¿goi tou= Kuri¿ou vIhsou; es decir, volvió a los orígenes del posible título para una hipotética colección de dichos evangélicos, como se menciona en el sermón inaugural de Q (Q 6, 47-49) y se mantiene en la conclusión del sermón del monte en Mateo (Mt 7.24-27) y en Lucas (Lc 6, 47-49) en la fórmula:

Todo el que viene a mí y oye mis palabras (tou£j lo¿go£j)

Y en la fórmula de Q 7.1:

Una vez concluidas todas sus palabras (tou£j lo¿gouj)

También en Pablo en la carta los Tesalonicenses se usa en la fórmula introductoria para un dicho de Jesús:

“Palabra del señor ” (1 Tes 4.15)

Así como en los Hechos de los apóstoles:

“[…] Y recordar las palabras del Señor Jesús […]” (Hch 20.35)

Expresión también usada en 1 Clem 13.1 con la misma fórmula, llamados por Tito Flavio Clemente y Clemente de Alejandría en el siglo II dichos (lo¿goi). Así mismo el importante escrito catequético de la época apostólica llamado la Didaje (didaxh¿), es decir, la Enseñanza, inicia con el núcleo fundamental de los dichos de Jesús: la combinación del amor a Dios y al prójimo (Mc 12.30-31) junto con la versión negativa de la regla de oro[12]. Por lo cual se hace claro, desde el siglo I el uso de lo¿goi para los dichos de Jesús, más no el de lo¿gia como se pensó desde el siglo XIX.

Ahora bien, la propuesta actual es designar Quelle en vez de lo¿goi o de utilizar la sigla L, la letra lambda en griego; anteriormente Q como abreviatura de Quelle se utilizó por primera vez en 1880 pero no fue usada como símbolo hasta la década de los 90 desde Johannes Weiss: “una dependencia respecto al Marcos primitivo (A) está excluida, pues aquí Lucas no refleja en absoluto a Marcos. En general, ambos siguen otra fuente común, a saber, Q”[13]; la misma que Paul Wernle en 1899[14] llama ‘la hipotética fuente Q’.

[1] ROBINSON, JAMES M., et al, El documento Q en Griego y en Español, con paralelos del Evangelio de Marcos y del Evangelio de Tomás, Introducción, p. 20.

[2] Sobre el Evangelio de Mateo escribe: “Mateo ordenó en lengua hebrea los dichos del Señor y cada uno las interpretó [tradujo] conforme a su capacidad” (en Eusebio, Historia Eclesiastica III, 39,16).

[3] Sobre el Evangelio de Marcos escribe: “el anciano decía también lo siguiente: Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y hechos del Señor. Porque ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más tarde, como dije, siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones según sus necesidades, pero no como quien compone una ordenación de las sentencias del Señor. De suerte que en nada faltó Marcos, poniendo por escrito algunas de aquellas cosas, tal como las recordaba. Porque en una sola cosa puso cuidado: en no omitir nada de lo que había oído y en no mentir absolutamente en ellas” (Eusebio, Historia Eclesiastica. III, 39,15)

[4] En el cual cuenta su intención: “No dudaré en ofrecerte, ordenadas juntamente con mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí y grabé bien en mi memoria, seguro como estoy de su verdad. Porque no me complacía yo, como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, sino en los que dicen la verdad; ni en los que recuerdan mandamientos ajenos, sino en los que recuerdan los que fueron mandados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma. Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente (Eusebio, Historia Eclesiastica III, 39,3-4)”.

[5] Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher fue hijo de clérigo calvinista y educado en las escuelas luteranas, kantiana y el romanticismo, de allí su afán ecuménico, sus posturas hermenéuticas y teológicas cercanas a la filosofía y el racionalismo.

[6] F. Schleiermacher, Jebe’ dic Zeugnisse des Pupius von uiisern heiden ersten Evangelien, TSK 5 (1832) 735-768, ROBINSON, JAMES M., et al, El documento Q en Griego y en Español, con paralelos del Evangelio de Marcos y del Evangelio de Tomás, Introducción, p. 22.

[7] Christian Hermann Weisse Siguió las ideas filosóficas de Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich von Schelling, discípulo de David Friedrich Strauss, pertenece a la Antigua búsqueda del Jesús histórico iniciada por Hermann Samuel Reimarus.

[8] Ch. H. Weisse. Die evangelische Geschichte kritisch und philosophisch bearbeitet (2 vols.) 1, Breitkopfund Hdrtel. Leipzig 1838, 55-56, citado en ROBINSON, JAMES M., et al, El documento Q en Griego y en Español, con paralelos del Evangelio de Marcos y del Evangelio de Tomás, Introducción, p. 23.

[9] H. J. Holzmann, Die synoptischen Evangelien: Ihr Ursprung und geschchtlicher Charakter, Engelmann, Leipzig 1863, p. 128; citado en ROBINSON, JAMES M., et al, El documento Q en Griego y en Español, con paralelos del Evangelio de Marcos y del Evangelio de Tomás, Introducción, p. 24.

[10] Así como en AP 22.6 y Lc 24.44.

[11] En su Spruche und Reden Jesu: Die zweite Quelle des Mathäus und Lukas (Beiträge zur Einleitung in das Neue Testament, 2). Hinrichs’sche Buchhandlung. Leipzig 1907.

[12] Vide Q 6.31, cfr. Mt 7.12, Ev Tom. 6.3 Lc 6.31

[13] J. Weiss. Die Verteidigung Jesu gegen den Vprwurf des Bündnisses mit Beelzebul: TSK 63(1890) 557. citado en ROBINSON, JAMES M., et al, El documento Q en Griego y en Español, con paralelos del Evangelio de Marcos y del Evangelio de Tomás, Introducción, p. 23.

[14] Cfr. P. Wernle, Die synoptische Frage, Mohr-Sieheck. Leipzig-Freiburg, 1899.

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