Publicado el Deja un comentario

Jesús, Hijo del hombre escatológico

 “El cristianismo primitivo de Palestina transfirió a Jesús la expectativa sobre un “hijo del hombre” apocalíptico”[1].

El texto clave para este título en el sentido escatológico, es decir, teológico y apocalíptico se encuentra en el Antiguo Testamento (Daniel 7.13)[2], modelo de texto apocalíptico, según el cual “Hijo del hombre” es una comparación y no un título cristológico propio del Nuevo Testamento; para otros como C. Colpe, el título de “hijo del hombre” posee en los dichos de Jesús tres dimensiones: el Hijo del hombre actuando en el presente, el Hijo del hombre paciente y el Hijo del hombre futuro hacia la plenitud final.[3]

Para Joachim Gnilka, “el Hijo del hombre es la figura del salvador escatológico esperado, según la apocalíptica es un ser celestial, que reside junto a Dios, que desde antes ya de la creación del mundo está junto a Dios, y que no es un hombre”[4]; así pues, el hijo del hombre es una figura apocalíptica que hace las veces de juez y salvador. De allí que, en el judaísmo se “haya mezclado la expectación del hijo del hombre con la del Mesías”[5].

Este título de Mesías se combinó con el título de Hijo del hombre en el Nuevo Testamento (Mc 8.29, 31[6], cfr. Mc 14.61-63)[7]; según Walter Casper, “si se quiere hablar de Jesús como mesías, no se puede partir de ninguna de las concepciones mesiánicas vigentes en aquel tiempo. Se ha de partir más bien de que la primitiva comunidad incorporó ciertamente un título judío, pero interpretándolo cristianamente”[8]; es decir, que los primeros cristianos mezclaron el judaísmo con el cristianismo en el caso del título “hijo del hombre”.

[1] THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 565.

[2] Miraba yo en la visión de la noche, y vi que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre (vn»ßa/ rb:ïK, ui`o.j avnqrw,pou, filius hominis); vino hasta el Anciano de días, y lo hicieron acercarse delante de él.

[3] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, pp. 569, 594, 596, 598 y 603.

[4] GNILKA, Joachim, Jesús de Nazaret, Mensaje e historia, pp. 306-307.

[5] GNILKA, Joachim, Jesús de Nazaret, Mensaje e historia, p. 308.

[6] Entonces él les dijo: — Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: — Tú eres el Cristo (o` Cristo,j, Christus).

Comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del hombre (to.n ui`o.n tou/ avnqrw,pou, Filium hominis, avyvq !m) padecer mucho, ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, ser muerto y resucitar después de tres días.

[7] Cfr. KASPER, Walter, Jesús, El Cristo, p. 128.

[8] Cfr. KASPER, Walter, Jesús, El Cristo, p. 131.

Publicado el Deja un comentario

El Glorioso Corán ¿Un mensaje pluralista?

El Sagrado Corán postula una serie de mensajes revelados por Dios –exaltado sea– y entregados a la humanidad por los Profetas que remiten todos a la misma idea: la sumisión al Dios Uno y Único –exaltado sea–, de allí que se haya enviado a cada comunidad un Profeta  en el cual los musulmanes también creen en su forma prístina y original:

16.36 Mandamos a cada comunidad-época un enviado (كُلِّ أُمَّةٍ رَّسُولاً): “Servid a Dios (اعْبُدُواْ اللّهَ) y evitad a los taguts o poderes del mal (الطَّاغُوتَ)”. […][1]

El tagut es todo aquello que sustituye la adoración de Dios –exaltado sea–, conduciendo al hombre al mal; por ello, algunos han sido dirigidos y otros extraviados en su forma de adorar a Dios –exaltado sea–. Por ello los musulmanes creen en los Profetas, su mensaje y sus libros, pero reconocen los cambios que se han incluido en estos últimos a través de los siglos, modificados luego por sus seguidores, escuchas y escritores; por ello tomán el mensaje divino del último libro revelado, el Sagrado Corán.

Dios –exaltado sea– ha enviado a cada comunidad un Profeta con su respectivo mensaje en la lengua de su pueblo, cada comunidad debe regirse por el mensaje que le fue revelado.

11.118 Tu Señor, si hubiera querido, habría hecho de los hombres una sola comunidad (أُمَّةً وَاحِدَةً). Pero no cesan en sus discrepancias,

Dios –exaltado sea– probó a los hombres al dividirlos en comunidades, como una torre de Babel religiosa además de lingüística:

5.48 […] A cada uno [judío, cristiano y musulmán] os hemos dado una ley y una forma de vida (شِرْعَةً وَمِنْهَاجًا). Dios, si hubiera querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad (أُمَّةً وَاحِدَةً), pero quería probaros en lo que os dio. ¡Rivalizad en buenas obras (فَاسْتَبِقُوا الخَيْرَاتِ)! Todos volveréis a Dios. Ya os informará Él de aquello en que discrepabais.

Es decir, a cada una de las comunidades de la humanidad se le ha entregado un camino apropiado para el bienestar social y espiritual propio, así como un camino en su modo de vida particular a la época y al desarrollo cultural de cada comunidad.

La prueba propuesta a las diversas comunidades consiste en la voluntad de someterse a Dios –exaltado sea– y en obedecerle[2]; y se insiste en que sólo Dios –exaltado sea– decidirá finalmente sobre las discrepancias doctrinales.

Por tanto, la rivalidad entre comunidades se resuelve con la práctica de cada mensaje en esta vida, pues en la otra, Dios –exaltado sea– decidirá entre las comunidades. De allí la importancia de seguir el mensaje de cada Profeta y no las invenciones y cambios introducidos en él, en la aleya anterior, para el caso de los cristianos el Sagrado Corán plantea:

5.47 Que la gente del Evangelio (أَهْلُ الإِنجِيلِ) decida según lo que Dios ha revelado en él. […]

Encontramos a lo largo del Sagrado Corán una serie de alusiones, en torno a las figuras del Profeta Jesús y su madre Maria –la paz de Dios sean con ellos– y en torno a los cristianos en general, a quienes se les presenta, por una parte, como una comunidad moderada, ejemplar y cercana a los musulmanes, sin que por ello se olviden las diferencias doctrinales, confesionales y de conducta; por otra, como una comunidad que se aleja de lo estipulado por Dios –exaltado sea– para ellos, por lo cual el musulmán debe alejarse, en ese caso de su ejemplo de conducta alejada de las órdenes de Dios.

Así pues, el Sagrado Corán presenta un conocimiento revelado sobre los cristianos, lo que no sucede con la Biblia, en la cual por el momento de su revelación no se incluye postura, ni siquiera referencia a religiones posteriores a su revelación tales como el Islam.

El Cristianismo según el Sagrado Corán es una religión revelada por Dios –exaltado sea–, enviada al Profeta y Mesías Jesús, a quien se le atribuye milagros con el permiso de Dios.

El arzobispo de Tánger y luego Arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, escribió:

“Posiblemente, uno de los mayores problemas en la relación y el diálogo entre cristianos y musulmanes sea el del recíproco desconocimiento, no sólo de personas, sino de los contenidos fundamentales de la fe de cada uno.

Cristianos y musulmanes se ignoran. Conviven, pero, frecuentemente, incomunicados.”[3]

[1] A algunos de ellos les dirigió Dios, mientras que otros merecieron extraviarse. ¡Id por la tierra y mirad cómo terminaron los desmentidores!

[2] Cfr. El mensaje del Corán, nota 67.

[3] AMIGO VALLEJO, Carlos, Cristianos y musulmanes, p. XII.

Publicado el 2 comentarios

Hijo del hombre y los dichos de Jesús

Los dichos sobre el hijo del hombre “aparecen en boca de Jesús” y en gran parte corresponden a un “yo” que aparece en todos los estratos de los evangelios sinópticos, en el IV evangelio y en el Evangelio de Tomás; este título “no se explica en los textos ni suscitan controversia” como en Juan 12.34[1]; mientras en la Epístola de Bernabé significa lo opuesto a Hijo de Dios[2].

Así mismo, es característico de los evangelios colocar en boca de Jesús el término “hijo del hombre”, sin que sea una confesión o auto designación en momento alguno, lo más cercano a ello se ha visto en Marcos 14.62[3] con gran influencia de la fe pascual[4], aparte de los evangelios sólo se utiliza en boca de un discípulo –en el Nuevo Testamento– en Hechos 7.55-56a[5] y en Apocalipsis 1.13[6]; por ello se ha pensado, que la designación “hijo del hombre” debió desaparecer pronto.[7]

Joachim Gnilka divide los dichos de Jesús sobre el Hijo del hombre en tres grupos: escatológicos, sobre la pasión y variados; mientras que Walter Kasper los divide en actividad presente y de la pasión.[8]

 

[1] Le respondió la gente: — Nosotros hemos oído que, según la Ley, el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?

[2]texto griefo

[3] Jesús le dijo: — Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo.

[4] DUPUIS, Jacques, Introducción a la cristología, Editorial Verbo Divino, Navarra, 2000, p. 77.

[5] Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre (to.n ui`o.n tou/ avnqrw,pou, Filium hominis, anymy !m) que está a la diestra de Dios».

[6] y en medio de los siete candelabros a uno semejante al Hijo del hombre (ui`o.n avnqrw,pou, Filio hominis), vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y tenía el pecho ceñido con un cinto de oro. Cfr. Apocalipsis 14.14.

[7] Cfr. GONZÁLEZ FAUS, José I., La humanidad Nueva, Ensayo de Cristología, Editorial Sal Terrae, Bilbao, 1984, p. 241.

[8] Cfr. GNILKA, Joachim, Jesús de Nazaret, Mensaje e historia, pp. 316-317; KASPER, Walter, Jesús, El Cristo, p. 134.

Publicado el Deja un comentario

Los discípulos de Jesús en el Sagrado Corán

Para comprender lo que pueda significar el seguimiento de Jesús –la paz de Dios sea con él– entre los musulmanes, es necesario saber qué dice el Sagrado Corán al respecto; en tres ocasiones aparece el término que puede traducirse por auxiliares, discípulos o apóstoles.

El término árabe anṣārī (انْصَارِي) significa auxiliar, ayudante o defensor y proviene de la raíz naṣara (نَصَر): ayudar, socorrer, salvar, dar la victoria de la cual también se derivan los términos cristianizar: naṣṣar (نَصَّر), victoria: naṣr (نَصْر), nazareno: nāṣarī (نَاصَرِيّ) y, por extensión, cristiano: naṣrānī (نَصْراني).

Recordemos que el Profeta Jesús –la paz sea con él– fue enviado a los hijos de Israel, vivió como judío, los términos cristiano y cristianismo son posteriores de Jesús –la paz sea con él– y pertenecen más bien a la teología de Pablo en sus cartas y su predicación, es así como según el evangelio de Juan, Jesús –la paz sea con él– se dirige a los judíos:

Dijo entonces Jesús a los judíos (Iudaeos) que habían creído en él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos[1]

Así mismo, en Sagrado COorán  en la sura la casa de Imrán (al-‘Imran)[2], al hablar de Jesús –la paz de Dios sea con él– el Sagrado Corán expresa que fue enviado a los Hijos de Israel (وَرَسُولاً إِلَى بَنِي إِسْرَائِيلَ), es decir a los judíos y trajo signos (بِآيَةٍ) tales como crear pájaros con la arcilla, curar a los ciegos de nacimiento, resucitar a los muertos, todo con permiso de Dios (بِإِذْنِ اللّهِ) para mostrarles la vía recta (صِرَاطٌ مُّسْتَقِيمٌ)[3], así pues el Sagrado Corán expresa:

Pero, cuando Jesús percibió su[4] incredulidad (الْكُفْرَ)[5] [negativa a aceptar la verdad], dijo: “¿Quiénes son mis auxiliares (أَنصَارِي) en la vía que lleva a Dios (en la causa de Dios)?” Los apóstoles (vestidos de blanco) (الْحَوَارِيُّونَ) dijeron: “Nosotros somos los auxiliares de Dios (أَنصَارُ اللّهِ). ¡Creemos en Dios (آمَنَّا بِاللّهِ)! ¡Sé[6] testigo de nuestra sumisión (a él)! (مُسْلِمُونَ)[7]

El término de plural árabe ara “los discípulos” es al-hawariyyun, sing. hawari y en su sentido etimológico primordial hace referencia a los que blanquean la ropa al lavarla, pero aquí es aplicado a los compañeros de Jesús –la paz de Dios sea con él–, sean estos llamados apóstoles o discípulos, por ello su sentido alude a quien está libre de todo vicio o defecto durante largo tiempo o a quien da consejos y ejerce actos sinceros, honestos y fieles[8]; por tanto, las interpretaciones de este término derivado de hawar (blancura), varían desde “aquel que blanquea ropas lavándolas”, “aquel que viste ropas blancas” o “aquel cuyo corazón es blanco”, es decir, puro; inclusive puede haberse utilizado para designar a los miembros de los Esenios, puesto que vestían túnicas blancas.

Así pues, los discípulos de Jesús –la paz de Dios sea con él– se consideraban como él: sumisos a la voluntad de Dios, es decir, musulmanes.

El Profeta Muhammad (saus) dijo en una ocasión: “todo Profeta tiene su hawari[9], lo cual ha servido, entre otros, para evocar a “los auxiliares en la causa de Dios” que respondieron a la llamada de Jesús –la paz de Dios sea con él–.

[1] Jn 8.31.

[2] Dios ha escogido a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la de Imran por encima de todos. Como descendientes unos de otros. […]

Su nombre se toma de la aleya 33; según Tabari el famoso intérprete musulmán, es una descendencia no sólo física, sino espiritual al creer todos Profetas de Dios en un mismo mensaje fundamental, la familia de Imrán incluye a Moisés y a Aarón, hijo de Imrán y a los descendientes de Aarón, entre los que se encuentran Juan El Bautista y Jesús.

[3] Corán 3.49 Y como enviado a los Hijos de Israel: “Os he traído un signo que viene de vuestro Señor. Voy a crear para vosotros, de la arcilla, a modo de pájaros. Entonces, soplaré en ellos y, con permiso de Dios, se convertirán en pájaros. Con permiso de Dios, curaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos. Os informaré de lo que coméis y de lo que almacenáis en vuestras casas. Ciertamente, tenéis en ello un signo, si es que sois creyentes.

3.50 Y en confirmación de la Tora anterior a mí y para declararos lícitas algunas de las cosas que se os han prohibido. Y os he traído un signo que viene de vuestro Señor. ¡Temed, pues, a Dios y obedecedme!

3.51 Dios es mi Señor y Señor vuestro. ¡Servidle, pues! Esto es una vía recta”.

3.52 Pero, cuando Jesús percibió su incredulidad, dijo: “¿Quiénes son mis auxiliares en la vía que lleva a Dios?” Los apóstoles dijeron: “Nosotros somos los auxiliares de Dios. ¡Creemos en Dios! ¡Sé testigo de nuestra sumisión!

[4] Referida a los hijos de Israel de la parte inicial de la aleya con que inicia el apartado sobre Jesús, 3.49, “y como enviado a los Hijos de Israel”.

[5] En especial de los fariseos. También puede traducirse en “percibió su negativa a aceptar la verdad”.

[6] Dirigido a Jesús.

[7] 3.52, cfr. Corán 4.65, 5.10.

[8] Cfr. Edward William Lane, Arabic-English Lexicon, Vol. 2, p. 667.

[9] Bujari :: Libro 5 :: Volumen 57 :: Hadith 65: Libro 5 :: Volumen 59 :: Hadith 439, Libro 9 :: Volumen 91 :: Hadith 366.

Publicado el Deja un comentario

Jesús, Hijo del hombre

“El apelativo que más se aplicó Jesús es también el más enigmático”.[1]

Si bien la expresión ‘hijo del hombre’, en sentido común significa ser humano, ‘hijo de hombre’, traducción del arameo bar-nāšā y del hebreo ben-’ādam significa el ser humano en general, cualquier humano y en ocasiones equivale a “yo”[2]; inclusive para J. Jeremías ‘yo’ equivale en muchos logia de Jesús a “Hijo del hombre”.

Las comunidades cristianas después de la pascua expresaron más de lo que el Jesús histórico había dicho sobre sí mismo, en especial, con respecto al título de Hijo del hombre, propio del ámbito palestino y derivado de tradiciones judías pero reinterpretado en la figura de Jesús.

Pues, aunque Jesús sí mostró con claridad una conciencia de autoridad [3] escatológica; a este título se le da un fondo teológico fundamental para la fe cristiana; en general, los títulos parecen comprensiones de sus seguidores históricos, y una más allá pues fundan la fe cristiana[4]; en otras palabras, la fe cristiana se funda en la comprensión de los seguidores de Jesús más que en su propio mensaje, según los estudios históricos.

Según otros investigadores, Jesús no hablaba de sí mismo como hijo del hombre, sino que se refería a un juez futuro escatológico[5], pero gracias a su conciencia de autoridad y de contenido mesiánico, ése fue el único título que Jesús se aplicó: “hijo del hombre es el único título que los estudiosos reconocen que pudo ser utilizado por el Jesús de la historia, para referirse a su persona, aunque siempre seguido de un verbo en tercera persona”[6], es decir, no hay pruebas históricas ni bíblicas de que Jesús hubiese utilizado títulos como “hijo de Dios”, entre otros.

En síntesis, este título de Jesús es un enigma pues expresa y vela en su persona histórica[7] lo que pueda significar; este enigma no se resuelve en su situación terrena, pues “el mensaje acerca de Jesús, hijo de José, no es el dato fáctico de la historia de que fuera también nieto de Jacob o de Helí, sino el dato teológico cristiano de que es “hijo de David, hijo de Abrahán” e “hijo de Dios””[8].

Además, los usos del título “hijo del hombre” en el IV Evangelio no son paralelos a los de los Evangelios Sinópticos; en estos últimos el uso del título cae en dos grupos, por una parte, se refiere a la humanidad de Cristo, su obra terrenal, sus sufrimientos y muerte; y, por otra parte, se refiere a su gloria en resurrección y a la de su futura venida.[9]

[1] THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 592.

[2] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 593.

[3] ¤jousÛa: poder, autoridad, dentro del judaísmo tardío es un poder espiritual, (cfr. 1 Pedro 3.22) o terrenal.

[4] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 562.

[5] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 566.

[6] PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, p. 59, nota # 2. Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 612.

[7] Cfr. KASPER, Walter, Jesús, El Cristo, p. 133.

[8] BROWN, Raymond E., El nacimiento del Mesías, Comentario a los Relatos de la Infancia, p. 89.

[9] Cfr. Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo Testamento, edición electrónica.