Publicado el 1 comentario

Nacimiento de la Virgen María en el Corán

Cuando la esposa de ‘Imran dijo: ¡Señor mío! He realizado el voto de entregar a Tu exclusivo servicio lo que hay en mi vientre (إِنِّي نَذَرْتُ لَكَ مَا فِي بَطْنِي مُحَرَّرًا). ¡Acéptamelo! Tú eres Omnioyente, Omnisciente (Sura Al-‘Imran (3), aleya 15).

Cuando Ana ofrece el fruto de su vientre a Allah –sua– es una consagración libre de todo tipo de ataduras a la vida terrena y es una entrega total al servicio de Allah –sua–.

Y cuando le dio a luz dijo: ¡Señor mío! Me ha nacido una hija (وَضَعْتُهَا أُنثَى). Allah bien sabía lo que había concebido. [Agregó la esposa de ‘Imrân] No es lo mismo una mujer que un varón [para que se consagre a Tu servicio]. La he llamado María (سَمَّيْتُهَا مَرْيَمَ), y Te imploro que la protejas a ella y a su descendencia del maldito Satanás (وِإِنِّي أُعِيذُهَا بِكَ وَذُرِّيَّتَهَا مِنَ الشَّيْطَانِ الرَّجِيمِ) (Sura Al-‘Imran (3), aleya 36)[1].

La mujer de la casa de ‘Imran es Ana bint Faqud, también se encuentra en evangelios apócrifos llamados protoevangelio de Santiago (5.2) y Evangelio del Seudo Mateo (1.2). La sorpresa de Ana se debe a que sólo los hombres se dedicaban al servicio del templo, por lo cual ella esperaba un hijo y no una hija. Reginald Garrigou-Lagrange escribe en su tratado de Mariología:

“Los años pasados por María en el templo han activado en ella el desarrollo de “la gracia de las virtudes y de los dones” en una proporción de la que no nos podemos formar idea; según una progresión y una aceleración que supera con mucho a la de las almas más generosas y a la de los mayores santos.”[2]

Sobre María en el templo y su tío Zacarías, Allah –sua– menciona en el Sagrado Corán:

Su Señor la aceptó complacido, e hizo que se educase correctamente y la confió a Zacarías. Toda vez que Zacarías ingresaba al templo la encontraba provista de alimentos, y entonces exclamaba: ¡Oh, María! ¿De dónde te ha venido esto? Ella respondía: De Allah; porque Allah sustenta sin medida a quien Le place (لَّمَا دَخَلَ عَلَيْهَا زَكَرِيَّا الْمِحْرَابَ وَجَدَ عِندَهَا رِزْقاً قَالَ يَا مَرْيَمُ أَنَّى لَكِ هَـذَا قَالَتْ هُوَ مِنْ عِندِ اللّهِ إنَّ اللّهَ يَرْزُقُ مَن يَشَاء بِغَيْرِ حِسَابٍ). (Sura Al-‘Imran (3), aleya 37).

Zacarías –as– era tío de María por línea materna, pues era esposo de la hermana de Ana y uno de los sacerdotes del Templo. Siempre que Zacarías –as– la visitaba en el santuario, encontraba junto a ella provisión de alimentos, preguntaba: “¿de dónde te viene esto?” decía ella: “viene de Dios; ciertamente, Dios provee sin medida a quien Él quiere”. Se dice que tenía frutos del verano en invierno, y frutos del invierno en verano. El Evangelio según Lucas habla de Zacarías –as:

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías (Zacari,aj, Zaccharias), de la clase de Abías. Su esposa era de las hijas de Aarón y se llamaba Elisabet.

 Ambos [Zacarías y su esposa] eran justos delante de Dios y vivían irreprensiblemente en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor [3] Lc 1.5-6

Allah –sua– continúa, en el sagrado Corán, narrando la historia de Zacarías –as– y su diálogo con los ángeles; Zacarías –as– a pesar de su avanzada edad tendrá un hijo con su esposa estéril, su hijo también será un mensajero, reconocido por cristianos y musulmanes, Juan el Bautista –as–, llamado Yahia en árabe, la paz sea con ambos. Dice Allah –sua– en el Sagrado Corán:

Y narra [¡Oh, Muhammad!] la historia de María que se menciona en el Libro [el Corán], cuando se apartó de su familia para retirarse a un lugar al este (مَكَانًا شَرْقِيًّا).

Y puso un velo (حِجَابًا) para apartarse de la vista [mientras adoraba a Allah] de los hombres de su pueblo. Entonces le enviamos Nuestro espíritu [el Ángel Gabriel] (رُوحَنَا), quien se le presentó con forma humana (فَتَمَثَّلَ لَهَا بَشَرًا سَوِيًّا).

Ella dijo: Me refugio de ti en el Clemente (إِنِّي أَعُوذُ بِالرَّحْمَن), si es que temes a Allah.

Le dijo: Soy el enviado de tu Señor para agraciarte con un hijo puro (إِنَّمَا أَنَا رَسُولُ رَبِّكِ لِأَهَبَ لَكِ غُلَامًا زَكِيًّا).

Ella dijo: ¿Cómo he de tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre, ni soy una indecente (قَالَتْ أَنَّى يَكُونُ لِي غُلَامٌ وَلَمْ يَمْسَسْنِي بَشَرٌ وَلَمْ أَكُ بَغِيًّا)?

Así será, le respondió, pues tu Señor dice: Ello es fácil para Mí. Y lo convertiremos en un signo para la humanidad y una misericordia (وَلِنَجْعَلَهُ آيَةً لِلنَّاسِ وَرَحْمَةً). Es un asunto decidido.

Lo concibió, y decidió retirarse a un lugar apartado (Sura Mariam (19), aleyas 16 – 22).

El término espíritu (ruh) indica al ángel Gabriel, el espíritu de la revelación y se emplea para describir el medio a través del cual es impartida la inspiración divina a sus profetas –la paz sea con todos ellos–. Dado que como seres humanos no tienen la capacidad de percibir a un ángel en su verdadera manifestación, a no ser que Allah –sua– se las otorgue, en este caso Allah –sua– hizo que se apareciera el ángel Gabriel –as– a María en la forma de un ser humano.

María se asustó y preguntó cómo es posible la concepción de un hijo sin la relación natural entre hombre y mujer. Al respecto de la pregunta de la Virgen María[4] Allah –sua– dice en el Sagrado Corán:

Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te ha elegido y purificado. Te ha elegido entre todas las mujeres del universo (وَاصْطَفَاكِ عَلَى نِسَاء الْعَالَمِينَ).

¡Oh, María! Adora a tu Señor, prostérnate e inclínate con los orantes (وَاسْجُدِي وَارْكَعِي مَعَ الرَّاكِعِينَ).

Éstas son historias que no conocías, y te las revelamos. Tú [¡Oh, Muhammad!] no estuviste presente cuando sortearon con sus cañas para ver quién de ellos se encargaría de María, ni tampoco cuando disputaban acerca de ello.

Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te albricia con Su Palabra [¡Sé!] Su nombre será el Mesías Jesús, hijo de María (اسْمُهُ الْمَسِيحُ عِيسَى ابْنُ مَرْيَمَ). Será distinguido en esta vida y en la otra, y se contará entre los más próximos a Allah.

Hablará a los hombres en la cuna y de adulto, y se contará entre los virtuosos (وَيُكَلِّمُ النَّاسَ فِي الْمَهْدِ وَكَهْلاً وَمِنَ الصَّالِحِينَ).

Dijo: ¡Oh, Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre (أَنَّى يَكُونُ لِي وَلَدٌ وَلَمْ يَمْسَسْنِي بَشَرٌ)? Le respondió: ¡Así será! Allah crea lo que Le place. Cuando decide algo, sólo dice: ¡Sé!, y es (إِذَا قَضَى أَمْرًا فَإِنَّمَا يَقُولُ لَهُ كُن فَيَكُونُ) (Sura Al-‘Imran (3), aleyas 42 – 47).

La elección de María está precedida por la infancia que vivió al servicio de Allah –sua– en el Templo, María estuvo exenta de todo tipo de faltas. A María se le ordena la oración pues, a pesar de los dones dados por Allah –sua–, es una criatura mortal y no es una divinidad. El nacimiento de Jesús –as– fue una prueba visible de la infinita omnipotencia divina, pues bastó la palabra “sea” para que fuera concebido, sin necesidad de varón.

La postración de María indica su condición de musulmana, sumisa a la voluntad de Allah –sua–, como lo fueron Jesús –as– y sus apóstoles. La purificación de María, también es narrada en un texto apócrifo: el Evangelio Armenio de la infancia (5.9) y la bendición de María narrada en el evangelio según Lucas (1.28), poco antes del cántico de María, también conocido como Magnificat, así:

Y exclamó a gran voz y dijo: –¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre (benedicta tu inter mulieres et benedictus fructus ventris tui)!

El Teólogo Xavier Pikaza expresa que el valor y la grandeza de María:

“No se fundan en ninguna cualidad humana, ningún saber, influjo o riqueza de la tierra. Su grandeza se define como cercanía de Dios: ha dejado que Dios sea el Señor, ha respetado su presencia y recogido hasta el fondo su palabra. Por eso no está sola. No es una persona que se empeña en algún tipo de conquista humana. Es una mujer “con Dios”; por eso es grande, porque vive muy cerca el misterio transformante. Ha recibido el don de Dios (ha creído) y, apoyada en esta fe, su vida puede ser distinta, una expresión de la obra de Dios, un servicio que consiste en dejar que Cristo venga y en llevarlo hacia los hombres.”[5]

[1] Las citas del Sagrado Corán incluyen, entre paréntesis, los textos árabes.

[2] GARRIGOU-LAGRANGE, Reginald, La madre del salvador y nuestra vida interior, Mariología, p. 91.

[3] Las citas de los Evangelios incluyen, entre paréntesis, los textos griegos, latinos y en ocasiones siríacos y para las Escrituras judías los textos hebreos y sus versiones griega de la Septuaginta (LXX) y la latina de la Vulgata.

[4] Cfr. Lucas 1.34.

[5] El Magnificat canto de liberación, citado en FRANCIA, Alfonso, María, Mujer de hoy, 15 catequesis para jóvenes y adolescentes sobre Valores Evangélicos en María, p. 29.

Publicado el 1 comentario

La figura del Padre (Abba) para Jesús

La figura del Padre forma parte del judaísmo en el sentido de un pueblo en (Oseas 11.1)[1] o en el de un personaje como Efraín (Jeremías 31.20)[2], y de la época neotestamentaria las invocaciones de Dios en oraciones comunitarias en la diáspora y en Palestina, así pues, a diferencia de Joachim Jeremias, G. Theissen y A. Merz piensan que la invocación ‘Padre’ no es una muestra de confianza propia de Jesús[3].

Además, el sabio judío Ḥanan ha-Nehba, nieto de Ḥoni, el trazador de círculos, utilizó el título en arameo abba[4]; también el cristianismo primitivo, al menos como lo atestiguan algunas epístolas del Nuevo Testamento, escritas en griego, le invocó como abba (Galatas 4.6[5] y Romanos 8.15[6]), si bien era característico de Jesús (Marcos 14.36[7]) aunque no como una invocación infantil o singular y exclusiva de Jesús[8], pues “no es posible traducirlo, porque no está claro si esa fórmula implica un diminutivo, un posesivo, algún tipo de artículo o todas esas cosas a la vez. Pero lo que está claro es que implica un grado tal de cercanía y de familiaridad que amenaza con trivializar la relación del hombre con Dios. […] El judaísmo palestino no lo utilizaba como apelación de Dios […]. Para la sensibilidad de los contemporáneos de Jesús sería irrespetuoso e impensable el dirigirse a Dios con una palabra tan familiar”[9].

En síntesis, este nombre utilizado por Jesús mismo –la paz sea con él– tal como lo expresado por el Evangelio según Marcos es para presentar su cercanía más que una autoproclamación como hijo; al menos desde los estudios históricos que aquí se presentan.

[1] Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo filium meum).

Nótese que se utiliza el término griego teknon y no uios, tal como se encontrará en los evangelios.

[2] ¿No es un hijo (הֲבֵן֩ , ui`o.j, filius) precioso para mí? ¿No es un niño (יֶ֣לֶד, paidi,on, puer) en quien me deleito? Desde que hablé de él, lo he recordado constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él, y ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová.

[3] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, pp. 576-577.

[4] “Cuando el mundo necesitaba lluvia, los maestros solían enviarle niños escolares que le tiraban del borde del manto y le decían: Abba, Abba, danos lluvia. Y él suplicaba: Soberano del mundo, hazlo por éstos, que no saben distinguir aún entre un Abba capaz de dar lluvia y un abba incapaz de dar lluvia (bTaan 23b)”, citado en THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 577.

[5] Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre (Abba Pater)!». Puede notarse que el término padre en arameo no se tradujo al texto griego ni al latino.

[6] Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre (Abba o` path,r, Abba Pater, !wba aba)!».

[7] Y decía: «¡Abba, Padre (Abba o` path,r, Abba Pater, !wba aba)!, todas las cosas son posibles para ti. Aparta de mí esta copa; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».

[8] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 577.

[9] GONZÁLEZ FAUS, José I., La humanidad Nueva, Ensayo de Cristología, Editorial Sal Terrae, Bilbao, 1984, pp. 107-108.

Publicado el Deja un comentario

El diálogo entre judíos y cristianos y Abraham

El diálogo con judíos y cristianos en el Corán

En el Sagrado Corán se exhorta a los musulmanes a tratar con respeto a los judíos y con los cristianos en cualquier diálogo:

29.46 No discutáis sino con buenos modales (أَحْسَنُ) con la gente de la Escritura (أَهْلَ الْكِتَابِ), excepto con los que hayan obrado impíamente o estén empeñados en hacer el mal. Y decid: “Creemos en lo que se nos ha revelado a nosotros y en lo que se os ha revelado a vosotros. Nuestro Dios y vuestro Dios es Uno. Y nos sometemos a él (لَهُ مُسْلِمُونَ)”.

 

16.125 Llama al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más amable (أَحْسَنُ).

La confluencia que acerca a cristianos y musulmanes es la creencia en el Dios -exaltado sea- uno, la sumisión o entrega a su voluntad y el regirse por los designios transmitidos en sus mensajes. De allí que el Islam se presente como una continuación y sello del mensaje que Jesús –la paz de Dios sea con él– entregó a sus seguidores.

En la discusión con personas de otros credos religiosos, está mediada por el precepto coránico:

2.256 No cabe coacción en religión (لاَ إِكْرَاهَ فِي الدِّينِ)

El término dīn indica, a la vez, el contenido moral, la doctrina y las prácticas de una religión revelada, de allí que todos los fuqaha –conocedores de la legislación islámica– sostengan que una conversión forzada es inválida en cualquier caso, constituyendo una falta grave cualquier intento de coacción, en contra de la idea de “conversión o espada”, propia de los ámbitos apologéticos.

Abraham el hanif y la cercanía entre las religiones

5.18 Los judíos y los cristianos dicen: “Somos los hijos de Dios y Sus predilectos (نَحْنُ أَبْنَاء اللّهِ وَأَحِبَّاؤُهُ)”. […]

A lo cual se contrapone la idea de Abraham (Ibrahim) –la paz de Dios sea con él– como hanīf, para considerar a judíos, cristianos y musulmanes, descendientes de la profecía de Abraham –la paz de Dios sea con él–:

2.135 Dicen: “Si sois judíos o cristianos, estáis en la vía recta”. Di: “No, antes bien la religión de Abraham (مِلَّةَ إِبْرَاهِيمَ), que fue hanif y no asociador (حَنِيفًا وَمَا كَانَ مِنَ الْمُشْرِكِينَ)”.

 

3.67 Abraham no fue judío ni cristiano, sino que fue hanif, no asociador y sometido a Dios (مُّسْلِمًا), no asociador.

Hanīf significa “el puro, el sometido de forma correcta”, y el Islam se presenta como dīn hanīf.[1] La palabra hanīf se deriva de la raíz verbal hanafa y que significa en este contexto: “él se inclinó hacia la tendencia correcta”. Antes del Islam el término hanīf se utilizaba para describir alguien alejado del pecado, del mundo pasional y de las creencias dudosas.

[1] Cfr. Compendio del Tafsir del Corán, “Al-Qurtubi”, Tomo 1 p. 370.

Publicado el Deja un comentario

La divinidad del Hijo del hombre (Jesús histórico)

“El cristianismo primitivo helenístico dio culto a Jesús en una aproximación a las divinidades paganas”[1].

Mucho se ha dicho de la cercanía entre el paganismo, sus cultos, creencias y divinidades y el naciente cristianismo que poco a poco se alejaba de la religión judía.

Los cultos mistéricos egipcios adoraban a dioses y divinidades como kæriow[2] e “hijo de Dios”, los emperadores romanos, persas y babilónicos también usaron el título de “Hijo de Dios”.

Según M. Hengel, el “hijo de Dios” es una expectativa mesiánica proveniente del judaísmo, más que de los dioses paganos egipcios o helénicos[3], para ello se cita a Salmos 2.7[4]. Mientras que para otros “Jesús no está en continuidad con las expectativas judías sobre el Mesías… pues no se identifica en modo alguno con las expectativas mesiánicas judías predominantes”[5].

Sin entrar en consideraciones históricas, bíblicas o cristológicas sobre este título de “hijo de Dios” es apropiado saber que “la clave de lectura es su relación con Dios”[6]; para John Dominic Crossan “decir que Jesús es divino o hijo de Dios está teológicamente más allá de la prueba o la refutación histórica”[7]. Por lo cual no hace parte, propiamente, de los estudios de Jesús histórico, sino más bien de la teología cristiana en general.

Así pues, desde el Jesús de la historia no se habla de hijo de Dios, aunque sí lo hace la teología cristiana posterior a su vida y mensaje.

[1] THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, pp. 565-566.

[2] kæriow, lat. dominus, desde la etimología griega es el propietario de un territorio o de esclavos (doèloi), un maestro o Señor en el sentido aplicado propiamente a Jesús como Mesías, pero también aplicado a los emperadores romanos y soberanos orientales.

[3] Cfr. THEISSEN, BERD y MERZ, Annette, El Jesús histórico, Manual, p. 568.

[4] Yo publicaré el decreto; Dios me ha dicho: «Mi hijo eres tú (ynIïB. yl;îae, me ui`o,j mou, filius meus es tu); yo te engendré hoy.

Cfr. Tárgum:

`ktyrb !yd amwy wlyak hakz tna yl ta abal rbk bybx yl rma hwhyd amyq y[tva.

[5] PELÁEZ, Jesús, “Un largo viaje hacia el Jesús de la Historia”, pp. 58 y 59.

[6] PUIG I TARRECH, Armand, “la búsqueda del Jesús histórico”, en Bíblica 81 (2000), Introducción.

[7] CROSSAN, John Dominic, El nacimiento del cristianismo, Qué sucedió en los años inmediatamente posteriores a la ejecución de Jesús, p. 27.

Publicado el Deja un comentario

Condenas entre judíos y cristianos y el pacto con los hijos de Israel (Corán)

Condenas mutuas entre judíos y cristianos en el Corán

En el Sagrado Corán también se critica los anatemas o condenas mutuas, entre los seguidores de las diferentes tradiciones religiosas en medio de las discusiones doctrinales entre religiones:

2.113 Los judíos dicen: “Los cristianos carecen de base”, y los cristianos dicen: “Los judíos carecen de base” (وَقَالَتِ الْيَهُودُ لَيْسَتِ النَّصَارَى عَلَىَ شَيْءٍ وَقَالَتِ النَّصَارَى لَيْسَتِ الْيَهُودُ عَلَى شَيْءٍ), siendo así que leen la Escritura. Lo mismo dicen quienes carecen de conocimiento [es decir, los incrédulos]. Dios decidirá entre ellos el día de la Resurrección sobre aquello en que discrepaban.

De allí que el Sagrado Corán exhorte a los musulmanes a evitar discusiones sobre asuntos de fe, que de hecho son claros y sólidos en el Sagrado Corán:

22.68 Y, si discuten contigo, di: ¡Dios sabe bien lo que hacéis (اللَّهُ أَعْلَمُ بِمَا تَعْمَلُونَ)!

En otra aleya se pide que frente a la refutación desmedida y mentirosa no se responda con disputas sino mencionando la propia responsabilidad de las obras de cada ser humano:

10.41 Si te desmienten, di: “Yo respondo de mis actos y vosotros de los vuestros (فَقُل لِّي عَمَلِي وَلَكُمْ عَمَلُكُمْ). Vosotros no sois responsables de lo que yo haga y yo no soy responsable de lo que vosotros hagáis”.

De esta manera, se plantea, en diversos pasajes[1] que las diferencias doctrinales serán resueltas por Dios –exaltado sea– luego del Juicio final y sólo a Él corresponde su resolución completa.

El pacto con los hijos de Israel

Luego del pacto con los hijos de Israel (مِيثَاقَ بَنِي إِسْرَائِيلَ) y con los cristianos, se critica, en el Sagrado Corán, las diversas posturas teológicas cristianas así como la consecuente diferencia doctrinal en la Biblia, pues no contiene plenamente el mensaje de la Torá y el Evangelio:

5.14 Concertamos un pacto con quienes decían: “Somos cristianos (إِنَّا نَصَارَى)”. Pero olvidaron parte de lo que se les recordó [en el Evangelio] y, por eso, provocamos entre ellos enemistad y odio hasta el día de la Resurrección. Pero ya les informará Dios de lo que hacían.

Según la mayoría de comentaristas, esta aleya alude a la amistad reciproca y vinculante entre personas del mismo credo que no es comparable a la amistad con personas de otra creencia, así mismo a la cercanía judeo-cristiano.

[1] Cfr. 2.11 ya citado, 3.55, 10.93, 16.124, 22.69, 32.25, 39.3 y 39.46 en torno a la resolución de las discrepancias entre religiones el día del Juicio final.