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El discipulado en los Evangelios y el Corán

Ahora nos adentraremos poco a poco en las concepciones islamo-cristianas de los discípulos, recorriendo a los evangelios en su lengua más antigua, el griego y su traducción latina cuando lo amerite un evangelio apócrifo que nos presenta una visión muy especial del Profeta Jesús -la paz de Dios sea con él-.

En el Evangelio según Juan –un evangelio más teológico y filosófico que histórico–, Jesús –la paz de Dios sea con él– expresa:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.[1]

El seguimiento de Jesús –la paz de Dios sea con él– no es sólo nominal, doctrinal o cultural necesita de la práctica de esa ética común y del nuevo mandamiento del amor; pero el seguir a Jesús -la paz de Dios sea con él- va más allá de los deberes morales; él mismo dirigiéndose a sus discípulos les decía, en el Evangelio según Mateo:

Pues todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.[2]

De igual forma, el Evangelio copto de Tomás expresa:

“[…] Los aquí (presentes) que hacen la voluntad de mi Padre, éstos son mis hermanos y mi madre […]”.[3]

Esta es una paternidad en las obras, en el seguimento de la voluntad divina no en la procreación. Así pues, si bien Jesús –la paz de Dios sea con él– es Maestro y modelo ético para los cristianos; los musulmanes, por su parte, siguen el mismo mensaje entregado por todos los Profetas a sus respectivos pueblos, incluyendo el trasmitido por Jesús –la paz de Dios sea con él–, a saber, el monoteísmo y la adoracion del único Creador, por lo tanto, en la práctica ética de la voluntad de Dios de los cristianos y de los musulmanes existe una cercanía, que tiene fundamento en el padre de los Profetas, Abrahám (Ibrahim) –la paz sea con él–.

La reunión en fraternidad se ejerce por el amor al prójimo:

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.[4]

En el evangelio apócrifo de Tomás también expresa este mandamiento:

Dijo Jesús: “Ama a tu hermano como a tu alma (); cuídalo como la pupila de tu ojo”.[5]

De hecho, el musulmán se define por ser sumiso a la voluntad de Dios, idea que se remonta al Profeta Abraham –la paz de Dios sea con él–, también llamado Abu al-anbiyyat, Padre de los Profetas, quien dijo:

¡Y haz, Señor, que nos sometamos (مُسْلِمَيْنِ) a Ti, haz de nuestra descendencia una comunidad (أُمَّةً) sumisa a Ti, …[6]

Así mismo, para ser discípulos de Jesús –la paz de Dios sea con él– desde el Evangelio según Mateo, se realiza desde la obediencia al Creador:

Bástale al discípulo (to.n maqhth.n, discipulo) ser como su maestro y al siervo como su señor. […][7]

[1] Jn 13.35

[2] Mt 12.50, Mc 3.35 cfr. Mt 7.21. Cfr. Küng, Hans, El cristianismo, Esencia e historia, p. 65.

[3] Texto copto completo: net.N.neei.ma e+re M.p.ouw$ M.pa.eiwt` naei ne na.snhu mN.ta.maau

Evangelio de Tomás, dicho 99, cfr. Evangelio de los ebionitas en MORRICE, William, Dichos desconocidos de Jesús, Palabras atribuidas a Jesús fuera de los cuatro evangelios, dicho # 15.8, p. 171.

[4] Jn 13.34, cfr. Jn 15.12

[5] peje.IS je .mere. .pek.son N.ce N.tek.`.2uyh eri.threi M.mo.f N.ce N.t.elou M.pek.`.bal`

Evangelio de Tomás, dicho 25A.

[6] Corán 2.128, cita completa:

2.127 Y cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de la Casa: “¡Señor, acéptanoslo! ¡Tú eres Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe!

2.128 ¡Y haz, Señor, que nos sometamos a Ti, haz de nuestra descendencia una comunidad sumisa a Ti, muéstranos nuestros ritos y vuélvete a nosotros! ¡Tú eres, ciertamente, el Indulgente, el Misericordioso!

2.129 ¡Señor! Suscita entre ellos a un Enviado de su estirpe que les recite Tus aleyas y les enseñe la Escritura y la Sabiduría les purifique! Tú eres, ciertamente, el Poderoso, el Sabio”.

[7] Mt 10.25.

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Discurso y testimonios de Jesús en el IV Evangelio

Discurso de Jesús

En el capítulo V del IV Evangelio se presentan testimonios, interrogatorios, palabras y obras de Jesús como hijo. Su palabra, acción y vida constituyeron una respuesta contemporánea del hombre llamado Jesús de Nazaret.

A manera de apología y explicación Jesús presenta los acercamientos entre el Hijo y el Padre, en mayúsculas ambos (5.20-24), el amor del Padre al Hijo (5.20), la capacidad de resucitar a los muertos (5.21) como Hijo de Dios (5.26) y juicio (5.22) como Hijo del hombre (5.27) ambos entregados al Hijo; honra mutua al Padre y al Hijo (5.23) y voluntad del Padre sobre la del enviado (5.30); Jesús agrega la escucha y creencia de su Palabra como condición para encontrar la vida eterna (5.24).

Testimonios de Jesús

Luego del discurso comienzan los interrogatorios a Jesús, los judíos le preguntan: ¿Dónde está tu padre? a lo cual responde si me conocieras a mí, también a mi Padre conocerías (8.19) a aquel que verás (14.7), posteriormente dice no le habéis conocido, pero yo le conozco (8.55, cfr. 7.29); y postula su dignidad, antes mencionada por Juan, al decir: vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba; vosotros sois de este mundo, he descendido a este mundo, aunque no sea de este mundo (8.23, cfr. 16.28, 17.15). Luego, según el evangelista, el día antes de Pascua, Jesús pasará de este mundo al Padre (13.1). El que desciende y asciende no es otro que el Hijo del hombre celestial.[1]

A la pregunta: ¿tú quién eres? Jesús responde: el que os he dicho (8.25), ante la pregunta ¿no es éste, Jesús, el hijo de José? (6.42) Jesús responde: nadie puede venir a mí sino es por la voluntad del Padre (6.44).

Jesús también da testimonio de sí mismo, aun cuando antes había dicho: si soy yo quien da testimonio de mí, mi testimonio no es verídico (5.31), así pues yo soy quien da testimonio de mi mismo, y también da testimonio de mí el Padre (8.18), acaso sea el testimonio como hijo.

En otra auto-designación, la del buen pastor (10.11, 14), Jesús habla del amor de mi Padre (10.17) por dar la vida y tener la potestad de volverla a tomar o de dar (10.17-18), Jesús como pastor conoce sus ovejas que le siguen (10.27), pero algunos le desconocen a él y a su padre (16.3).

Jesús habla de su dignidad como enviado frente a Dios, el siervo no es mayor que su señor (13.16) pues los profetas son siervos de Dios, así pues, considera que Dios es mayor que él (14.28).

[1] SCHNACKENBURG, Rudolf, El evangelio según San Juan, Versión y comentario, tomo primero, introducción y capítulos 1-4, p. 283.

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La anunciación en el Sagrado Corán

Dice Allah –exaltado sea– en el Sagrado Corán:

Y narra [¡Oh, Muhammad!] la historia de María que se menciona en el Libro [el Corán], cuando se apartó de su familia para retirarse a un lugar al este (مَكَانًا شَرْقِيًّا).

Y puso un velo (حِجَابًا) para apartarse de la vista [mientras adoraba a Allah] de los hombres de su pueblo. Entonces le enviamos Nuestro espíritu [el Ángel Gabriel] (رُوحَنَا), quien se le presentó con forma humana (فَتَمَثَّلَ لَهَا بَشَرًا سَوِيًّا).

Ella dijo: Me refugio de ti en el Clemente (إِنِّي أَعُوذُ بِالرَّحْمَن), si es que temes a Allah.

Le dijo: Soy el enviado de tu Señor para agraciarte con un hijo puro (إِنَّمَا أَنَا رَسُولُ رَبِّكِ لِأَهَبَ لَكِ غُلَامًا زَكِيًّا).

Ella dijo: ¿Cómo he de tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre, ni soy una indecente (قَالَتْ أَنَّى يَكُونُ لِي غُلَامٌ وَلَمْ يَمْسَسْنِي بَشَرٌ وَلَمْ أَكُ بَغِيًّا)?

Así será, le respondió, pues tu Señor dice: Ello es fácil para Mí. Y lo convertiremos en un signo para la humanidad y una misericordia (وَلِنَجْعَلَهُ آيَةً لِلنَّاسِ وَرَحْمَةً). Es un asunto decidido.

Lo concibió, y decidió retirarse a un lugar apartado (Sura Mariam (19), aleyas 16 – 22).

El término en lengua árabe ruh indica al ángel Gabriel –la paz sea con él–, el espíritu de la revelación y se emplea para describir el medio a través del cual es impartida la inspiración divina a sus profetas –la paz sea con todos ellos–. Dado que los seres humanos no tienen la capacidad de percibir a un ángel en su verdadera manifestación, a no ser que Allah –exaltado sea– así lo quiera es así como en este caso el ángel Gabriel apareció –la paz sea con él– a María en la forma de un ser humano.

María se asustó y preguntó cómo es posible la concepción de un hijo sin la relación natural entre hombre y mujer. Al respecto de la pregunta de la Virgen María[1] Allah –exaltado sea– dice en el Sagrado Corán:

Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te ha elegido y purificado. Te ha elegido entre todas las mujeres del universo (وَاصْطَفَاكِ عَلَى نِسَاء الْعَالَمِينَ).

¡Oh, María! Adora a tu Señor, prostérnate e inclínate con los orantes (وَاسْجُدِي وَارْكَعِي مَعَ الرَّاكِعِينَ).

Éstas son historias que no conocías, y te las revelamos. Tú [¡Oh, Muhammad!] no estuviste presente cuando sortearon con sus cañas para ver quién de ellos se encargaría de María, ni tampoco cuando disputaban acerca de ello.

Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te albricia con Su Palabra [¡Sé!] Su nombre será el Mesías Jesús, hijo de María (اسْمُهُ الْمَسِيحُ عِيسَى ابْنُ مَرْيَمَ). Será distinguido en esta vida y en la otra, y se contará entre los más próximos a Allah.

Hablará a los hombres en la cuna y de adulto, y se contará entre los virtuosos (وَيُكَلِّمُ النَّاسَ فِي الْمَهْدِ وَكَهْلاً وَمِنَ الصَّالِحِينَ).

Dijo: ¡Oh, Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre (أَنَّى يَكُونُ لِي وَلَدٌ وَلَمْ يَمْسَسْنِي بَشَرٌ)? Le respondió: ¡Así será! Allah crea lo que Le place. Cuando decide algo, sólo dice: ¡Sé!, y es (إِذَا قَضَى أَمْرًا فَإِنَّمَا يَقُولُ لَهُ كُن فَيَكُونُ) (Sura Al-‘Imran (3), aleyas 42 – 47).

La elección de María está precedida por la infancia que vivió al servicio de Allah –exaltado sea– en el Templo, María estuvo exenta de todo tipo de faltas. A María se le ordena la oración pues, a pesar de los dones dados por Dios, es una criatura mortal y no es una divinidad. El nacimiento de Jesús –la paz sea con él– fue una prueba visible de la infinita omnipotencia divina, pues bastó la palabra “sea” para que fuera concebido, sin necesidad de varón.

La postración de María indica su condición de musulmana, sumisa a la voluntad de Allah –exaltado sea– como lo fueron Jesús –la paz sea con él– y sus apóstoles. La purificación de María, también es narrada en un texto apócrifo: el Evangelio Armenio de la infancia (5.9) y la bendición de María narrada en el evangelio sinóptico de Lucas (1.28), poco antes del cántico de María, también conocido como Magnificat, así:

Y exclamó a gran voz y dijo: –¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

El Teólogo Xavier Pikaza expresa que el valor y la grandeza de María:

No se fundan en ninguna cualidad humana, ningún saber, influjo o riqueza de la tierra. Su grandeza se define como cercanía de Dios: ha dejado que Dios sea el Señor, ha respetado su presencia y recogido hasta el fondo su palabra. Por eso no está sola. No es una persona que se empeña en algún tipo de conquista humana. Es una mujer “con Dios”; por eso es grande, porque vive muy cerca el misterio transformante. Ha recibido el don de Dios (ha creído) y, apoyada en esta fe, su vida puede ser distinta, una expresión de la obra de Dios, un servicio que consiste en dejar que Cristo venga y en llevarlo hacia los hombres.”[2]

La esencia del Islam fue revelado a Adán y a los demás profetas como Noé, Ibrahim, Moisés, Jesús, y Muhammad –la paz sea con todos ellos– quienes obraron en conformidad con ese mensaje.

En síntesis, el Sagrado Corán reitera en diversas partes la virginidad de María como una creencia plena y sin dudas. La presentación islámica de Jesús se encuentra entre dos extremos, la de los judíos que rechazaron a Jesús como un Profeta de Dios y lo llamaron impostor y la de los cristianos quienes lo consideraron como el hijo de Dios y le rinde culto o veneración como tal.

[1] Cfr. Lucas 1.34.

[2] El Magnificat canto de liberación, citado en FRANCIA, Alfonso, María, Mujer de hoy, 15 catequesis para jóvenes y adolescentes sobre Valores Evangélicos en María, p. 29.

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Jesús, hijo de Dios, hijo del hombre y profeta en el IV Evangelio

Siguiendo el recorrido histórico en las bodas de Caná de Galilea y en Cafarnaúm, el evangelista menciona la madre (2.1), los hermanos y los discípulos de Jesús (2.12), así pues se confirma su humanidad al tener madre y hermanos en la fe.

Si bien, hasta el momento, Jesús no se ha autodenominado “hijo de Dios” en este Evangelio, llama al templo judío de Jerusalén: casa de mi Padre (2.16, cfr. 14.2).

Entre los fariseos, el judío Nicodemo afirma que Dios está con Jesús gracias a las señales (3.3), ¿pero cómo es eso?, Jesús responde que él, Hijo del hombre, ha bajado desde cielo (3.14). Por ello, la muchedumbre que estaba al otro lado del mar (6.22) y del Tiberiades (6.23) se dirigieron a Cafarnaúm para buscar a Jesús (6.24), el pan de Dios que da vida al mundo desciende del cielo (6.33, 58), pan con el que Jesús se identifica (6.35, 6.50-51) y añade he bajado del cielo (6.38). Por tanto, no son los prodigios, sino el hombre mismo que sube y baja. De nuevo, entonces se autodenomina Jesús como hijo del hombre, este título estará junto a otros, en boca de varios personajes judíos, fariseos y griegos.

La creencia en este hombre como hijo unigénito, presentado teológicamente por el Prólogo del IV Evangelio, permite y brinda la vida eterna (3.16, 3.36, 17.2) y la salvación del mundo (3.17); para el creyente (3.18) la vida eterna es conocer al Dios verdadero y a su enviado, Jesucristo (17.3), en términos del evangelista.

Asimismo, se le llama profeta, Jesús en su encuentro con la samaritana se sienta y le pide agua, ella le llama Señor, Mesías, Cristo (4.25) y le considera profeta (4.19), el ciego de nacimiento curado por Jesús también le llama profeta (9.17) y luego de la multiplicación de los panes (6.5-13) los discípulos le llaman también profeta (5.14); a la samaritana Jesús responde afirmativamente a la pregunta de si es Mesías, diciendo: yo soy (4.26).

De seguido, la samaritana le llama también hombre al hablar de él a los hombres samaritanos de la ciudad (4.29); los mismos que luego se reunirán con y creerán en él por su palabra (4.41) como salvador del mundo (4.42, cfr. 12.47).

Jesús les habla a los discípulos y les dice trabajad por el manjar que os da el Hijo del hombre y que dura hasta la vida eterna, en este último caso, el Hijo del hombre está marcado por el Dios Padre (6.27), el manjar que ellos desconocen (4.32), es la carne del Hijo del hombre y da vida (6.53).

De nuevo, en un estanque de Jerusalén, en la puerta de las ovejas (5.2) otros llaman a Jesús hombre (5.12), pero frente a la acusación de sanación en el sábado, Jesús responde Mi Padre ha obrado y yo también (5.17), la indignación de los judíos se acrecienta al considerarse igual a Dios (5.18); Los fariseos también le acusan de no venir de Dios por no guardar el sábado (9.16), así se encuentran pues, las primeras acusaciones por parte de los judíos que no creyeron en su mensaje.

Luego, en Jerusalén, durante la fiesta de la Dedicación y en el pórtico de Salomón (10.22), los judíos le piden que afirme abiertamente ser el Mesías y Jesús les responde: os lo dije y no me creéis (10.24-25), a lo cual agrega Jesús: el Padre y yo somos una misma cosa (10.30) por ello responden los judíos violentamente pues consideran blasfemia considerarse, siendo hombre, Dios (10.31-33); la respuesta de Jesús es directa y luego evasiva, pero en ambos casos permite la creencia en él, primero responde, en la Ley, Dios llamó dioses a los que se les dirigió su palabra (10.34-35), de hecho las Escrituras también dan testimonio de Jesús (5.39); segundo, añade: creed en las obras que muestran que Dios está en él y él en el Padre (10.38) por las obras mismas (14.11), pues sus obras dan testimonio de él (10.25).

Por último, uno de sus mayores prodigios, la resurrección de Lázaro (11.38-44) es el punto culmen, por el cual los judíos desean hacerle morir (11.53); pues algunos le consideran profeta, otros Mesías (7.40-41).

Otro es el que da testimonio de Jesús (5.32), tal como Juan da testimonio para la salvación (cfr. 5.33-34), pero el testimonio de Jesús es mayor en dignidad (5.36).

Los griegos desean ver a Jesús (12.20-21), Andrés y Felipe le comunican tal deseo a Jesús, quien responde ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre (12.23), pero los griegos no comprenden cómo según la Ley el Mesías permanece eternamente y el Hijo del hombre debe ser exaltado y, por tanto le preguntan: ¿Quién es ese hijo del hombre? (12.34), Jesús sólo les dice creed en la luz, mientras la tengan, para que seáis hijos de la luz (12.36).

Sin duda las designaciones o títulos de hijo de Dios y de Hijo de hombre se encuentran en este Evangelio entrecruzadas.

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La anunciación en el Evangelio del Pseudo Mateo

El Evangelio del Pseudo Mateo, la más antigua adaptación latina del Protoevangelio de Santiago, fue escrito durante y el siglo VI e incluye ideas monásticas, este evangelio también reproduce la anunciación agregando el lugar (cfr. sagrado Corán 29.16) así:

IX 1. Al día siguiente, mientras María se encontraba en la fuente, llenando su cántaro, un ángel del Señor le apareció, y le dijo: Bienaventurada eres, María, porque has preparado en tu seno un santuario para el Señor. Y he aquí que vendrá una luz del cielo a habitar en ti, y, por ti, irradiará sobre el mundo entero.

El Evangelio del Pseudo Mateo incluye episodios ajenos al NT, y en el caso de la anunciación presenta al ángel, llamado aquí visitante, como un ‘mortal acabado (cfr. Corán 29.17)’, ‘un joven de inenarrable belleza’ :

Y, al tercer día, mientras tejía la púrpura con sus manos, se le presentó un joven de inenarrable belleza. Al verlo, María quedó sobrecogida de temor, y se puso a temblar. Pero el visitante le dijo: No temas, ni tiembles, María, porque has encontrado gracia a los ojos de Dios, y de Él concebirás un rey, que dominará no sólo en la tierra, sino que también en los cielos, y que prevalecerá por los siglos de los siglos.