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Introducción a la angelología coránica

La palabra malak pertenece a las lenguas semitas como el arameo, el hebreo y el árabe, significa mensajero, enviado, superviso», y poderoso, la raíz de la palabra implica descender desde un lugar alto.

Los ángeles son criaturas de Dios sin sexo y hechas de luz (nūr), mientras el hombre fue creado de arcilla o barro (ṭīn), los ŷinn-s, creado de fuego (nār) claro sin humo.

Los ángeles han sido creados antes que los humanos, para la obediencia absoluta a Dios, se prosternan ante él sin engreimiento cfr. 16.49. pues

16.50 Temen a su Señor, que está por encima de ellos, y hacen lo que se les ordena.

Los hombres y los ŷinn-s fueron creados para adorar a Dios, los ángeles lo fueron para obedecerle y servirle de mensajeros.

Su residencia es el cielo y descienden a la tierra con el permiso de Dios.

Los ángeles nunca cometen pecados ni muestran desobediencia, y ya que no tienen almas que les ordenen el mal para resistirse a Dios Todopoderoso.

Los ángeles no comen, no beben, ni sienten hambre, sed o cansancio.

Cuatro ángeles de rango superior, arcángeles:

  1. Ŷibrīl (Gabriel), mensajero de Dios y ángel de revelación, llamado espíritu santo, por haber servido de instrumento de revelación a todos los enviados además de a Muhammad.
  2. Mīḥā’īl (Miguel), vigila el mundo y ha de pesar los actos de los humanos.
  3. ‘Izrā’īl llamado «ángel de la muerte», toma el último suspiro de la boca de los moribundos.
  4. Isrāfīl, tocará la trompeta de la Resurrección, no mencionado en el Sagrado Corán.
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La visión de la nueva Jerusalén en el Apocalipsis

Jerusalén se menciona tres veces en el Apocalipsis vinculada a una serie de atributos propios, de los cuales se tratarán dos, ‘nueva’ y ‘celestial’.

La nueva Jerusalén en el Apocalipsis no es una revelación, no es un sueño, sino un “éxtasis visionario”[1], una epifanía, cuando no teofanía, en sentido fenomenológico; pues en medio de las visiones septenarias la visión de la Jerusalén celestial hace parte de los septenarios centrales[2].

Esta visión es única en el Nuevo Testamento, si bien no se incluye una descripción del infierno como sí harán otros autores apocalípticos posteriores[3], la visión de la nueva Jerusalén (21.9-22, 5) así como la visión del nuevo mundo (21.1-8); se desarrolla en tres momentos[4]:

  1. Jerusalén desde afuera.
  2. Conducción al interior de la ciudad.
  3. Jerusalén como nuevo paraíso.

O en un tríptico estructural[5]:

  1. Presentación general de la ciudad (21.1-8).
  2. Descripción detallada de la ciudad (21.9-27).
  3. Enfoque sobre partes de la ciudad (22.1-5).

Entre las características teológicas de la ciudad misma está su trascendencia[6], es a la vez ciudad y reino de Dios, bajo la soberanía de Dios[7], es su gobierno, si bien no autocrático, el que está presidido, dirigido por y hacia Dios la que la hace trascendente a esta realidad histórica.

En el Apocalipsis se emplean imágenes, tradiciones y símbolos que en las Sagradas Escrituras judías hablaban de la restauración de la ciudad de Jerusalén después del exilio y que se van idealizando hacia una estado nacional judío, interpretado, entre los cristianos de manera escatológica en una nueva Jerusalén[8], en la que el pueblo de Israel no posee un carácter de estado nacional sino que está a la espera universal de la experiencia cristiana. Si bien es difícil postular que la nueva Jerusalén es una ciudad escatológica,  puede entenderse por escatología “la esperanza en una acción futura y definitiva de Dios en favor de su pueblo”; pero la nueva Jerusalén no es un futuro utópico, humano o terrenal detrás de un ‘mundo feliz’, de una ciudad ideal o de la Iglesia futura, como muchos comentaristas, en especial medievales, postularon.

En esta nueva Jerusalén no hay mar[9], para algunos residencia simbólica del mal, un símbolo, ahora ausente, que se enfrenta con la morada de Dios entre los hombres[10], en una declaración de mutua relación y dependencia en la dual Dios es origen y fin de la humanidad, remitiendo directamente a Emmanuel, Dios con nosotros [11], “toda la ciudad está llena de su gloria y está abierta a todos los pueblos”[12]. tal apertura es la que aun hoy debe considerarse como una oportunidad, un desafío y una profecía para el presente.

 

[1] Cfr. VIELHAUER, Philipp, Historia de la literatura cristiana primitiva, Introducción al nuevo testamento, los apócrifos y los padres apostólicos, p. 514.

[2] Cfr. TUÑÍ, Joseph-Oriol y ALEGRE, Xavier, Escritos joánicos y cartas católicas, p. 240.

[3] Cfr. VIELHAUER, Philipp, Historia de la literatura cristiana primitiva, Introducción al nuevo testamento, los apócrifos y los padres apostólicos, p. 522.

[4] Cfr. GUTZWILLER, Richard, Los misterios del Apocalipsis, p. 242.

[5] Cfr. CUVILIER, Elian, Los Apocalipsis del Nuevo testamento, p. 54.

[6] Cfr. ASURMENDI, J. M., “La apocalíptica”, en SANCHEZ CARO, José Manuel (Coord.), Historia, Narrativa, Apocalíptica, pp. 531-532.

[7] Cfr. GUTZWILLER, Richard, Los misterios del Apocalipsis, p. 241.

[8] CUVILIER, Elian, Los Apocalipsis del Nuevo testamento, p. 54.

[9] AP 21.1b.

[10] Lev 26.11.

[11] Is 8.10.

[12] WICKENHAUSER, Alfred, El Apocalipsis de san Juan, p. 274.

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El juicio final de los muertos en el Sagrado Corán

La fe en el juicio final es una de las creencias islámicas[1], desde el primer capítulo del Sagrado Corán impreso la sura recitada diariamente, se postula que Dios es el señor del juicio,:

1.4 Dueño del día del Juicio,

مَالِكِ يَوْمِ الدِّينِ {4}

En este juicio todas las personas serán recompensadas por Dios de acuerdo con sus creencias y sus acciones. Este será el día de la resurrección y es descrito en resonancias con la apocalíptica cristiana:

39.68 Se tocará la trompeta y los que estén en los cielos y en la tierra caerán fulminados, excepto los que Dios quiera. Se tocará la trompeta otra vez y he aquí que se pondrán en pie, mirando.

39.69 La tierra brillará con la luz de su Señor. Se sacará la Escritura. Se hará venir a los profetas y a los testigos. Se decidirá entre ellos según justicia y no serán tratados injustamente.

39.70 Cada uno recibirá conforme a sus obras. Él sabe bien lo que hacen.

وَنُفِخَ فِي الصُّورِ فَصَعِقَ مَن فِي السَّمَاوَاتِ وَمَن فِي الْأَرْضِ إِلَّا مَن شَاء اللَّهُ ثُمَّ نُفِخَ فِيهِ أُخْرَى فَإِذَا هُم قِيَامٌ يَنظُرُونَ {68}

وَأَشْرَقَتِ الْأَرْضُ بِنُورِ رَبِّهَا وَوُضِعَ الْكِتَابُ وَجِيءَ بِالنَّبِيِّينَ وَالشُّهَدَاء وَقُضِيَ بَيْنَهُم بِالْحَقِّ وَهُمْ لَا يُظْلَمُونَ {69}

وَوُفِّيَتْ كُلُّ نَفْسٍ مَّا عَمِلَتْ وَهُوَ أَعْلَمُ بِمَا يَفْعَلُونَ {70}

Ésta es la descripción coránica más completa del día del juicio en la creencia islámica. Así mismo, la resurrección de los muertos y juicio final son llamados el día de la resurrección o de la hora; esta última expresión se utiliza con mucha frecuencia para hacer alusión al juicio que está próximo, si bien desde la tradición profética y la teología islámica el conocimiento de este momento sólo le pertenece al Creador.

40.59 Sí, la Hora llega, no hay duda de ella, pero la mayoría de los hombres no creen.

أَلَمْ تَرَ إِلَى الَّذِينَ يُجَادِلُونَ فِي آيَاتِ اللَّهِ أَنَّى يُصْرَفُونَ {69}

En el islam, la diferencia entre los hombres frente a Dios es su piedad, más que su raza, lengua, condición social, lugar de nacimiento u otras diferencias propias de la vida en este mundo, y todos sin excepción se enfrentarán al día del juicio, tal como es predicho en el sagrado Corán:

14.21 Todos comparecerán ante Dios. […]

وَبَرَزُواْ لِلّهِ […]{21}

En ese día todos serán reunidos:

18.99 Ese día dejaremos que unos y otros se entremezclen [se chocan]. Se tocará la trompeta [del juicio] y los reuniremos a todos.

وَتَرَكْنَا بَعْضَهُمْ يَوْمَئِذٍ يَمُوجُ فِي بَعْضٍ وَنُفِخَ فِي الصُّورِ فَجَمَعْنَاهُمْ جَمْعًا {99}

[1] Las creencias islámicas son: la Fe en Dios uno y único, los Ángeles, los Libros Sagrados, los Profetas, el Juicio final, el Paraíso, el Infierno y la Predestinación o Conocimiento que Dios tiene de su creación.

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Análisis del primer relato de la creación génesis (Berešīt) (2 de 2)

1.26 [1]

La imagen (ṣelem)[2] se refiere a la representación, a la similitud con Dios, es una imagen plástica; su relación directa y cercana a la semejanza (demūt)[3] es única en este pasaje de la Sagrada Biblia.

La semejanza es una apariencia, una correspondencia; pero aquí es una semejanza en plural, que puede traducirse como ‘con nuestra imagen, según nuestra semejanza’ y se relaciona con el plural cohortativo del versículo anterior. Entre las diversas opiniones al respecto sobre esta relación imagen-semejanza se plantea[4]:

  1. En la teología católica se delinea una semejanza estructural, desde la imagen natural humana a la caída del hombre en el pecado, es decir una semejanza moral y somático-espiritual[5].
  2. Por un lado, la semejanza define y limita el sentido de la imagen y al ser más abstracta amplía y especifica su significado.
  3. Por otro lado, la imagen especifica la similaridad divina a la que la semejanza se refiere.
  4. No existe distinción entre estas palabras, son intercambiables, pero en el versículo siguiente sobre el acto de crear sólo se usa imagen.

La diferencia del hombre con los animales no es sólo su capacidad de hablar, sino la posibilidad, necesidad y consecuencia de ello: hablar con Dios, para todo diálogo se necesita una cercanía en cualquier propiedad, categoría o nivel, “Dios habla y el hombre escucha”[6], la semejanza permite a tal cercanía.

En este versículo, las imágenes de lo divino llevan a la idolatría, es decir al culto a las imágenes, de allí que en algunas tradiciones religiosas cristianas se reprueben y en otras como la judía y la islámica y en otras se prohíban completamente.

La cercanía con Dios se relaciona con el poder dado al hombre para servirse de la creación terrenal, más no dominar sobre ella al punto de destruirla; por lo tanto, el hombre ha sido creado para servir a Dios y la creación terrenal para servir al hombre, como un diálogo con Dios mediante el agradecer, alabar glorificar mediante las acciones primordiales que Dios dejó como modelo de cercanía: formar, realizar, fabricar y procrear ¡a semejanza de Dios!. Tal como se anotará en el verbo que se analizará de seguido en el texto de la Torah y en el Corán.

1.26

La raíz verbal semítica (rādā) significa gobernar y se limita a un dominio humano más que al dominio divino; por ello es una forma de viceregencia, vicariato o representación y no de un dominio o gobierno absoluto del hombre sobre las demás creaciones divinas; al hombre se le ha entregado la misión de poblar y dominar la tierra bajo la tutela y el poder de Dios.

Las estatuas son símbolos del poder de los hombres, pero Dios no posee una imagen que lo abarque o lo represente, puesto que el Creador es la fuente del poder absoluto, un poder que no puede ser representado en una imagen, sino que es reconocido al meditar la creación divina y al ejercer el gobierno humano. Es decir, la labor de dominación del hombre, será también, a imagen y semejanza de Dios, por tanto, su labor con el resto de la creación es la protección y la conservación. Aun así, Dios ejerce un dominio absoluto sobre su creación y no puede ser representado en imagen alguna que le abarque.

1.27 

En este versículo se presenta la alteridad entre el hombre y la mujer, esta alteridad es una necesidad mutua, posee una equivalencia en los ámbitos biológico, social y espiritual.

El texto hebreo usa varón (zākūr) y hembra (neqēbāh); la palabra para varón (zākūr) se relaciona directamente con el recuerdo, la rememoración o la meditación (zākar); esta palabra también se utiliza para denotar el género de los animales en general, lo cual se traduciría como macho; así como para el caso de la mujer la hembra denota los sexos humanos (~a’_r»B. hb’Þqen>W rk»ïz», cfr. 5.2) que posteriormente entrarán con Noé –la paz sea con él– al arca[7].

En el llamado segundo relato de la creación (2.4b-24) se encuentra una historia narrada aun más ‘terrenal’ que el relato universal e intemporal del capítulo primero; en este segundo relato, el nombre de Dios y el término para creación cambiarán, ahora el centro será la tierra y en ella será creada el hombre.

Luego de este relato (3.23), Dios ordenará al hombre (‘ādām) cultivar la tierra (‘ādāmah), pues la tierra le pertenecía a Dios y estaba sólo al cuidado suyo, sin hombre alguno.[8] Posiblemente, lo más importante de este versículo es ver cómo la lengua hebrea relaciona directamente al hombre con la tierra, es decir, la esencia del hombre está ligada a la tierra y al cultivo de la misma, si se atiende a la etimología.

 2.7 

El verbo hebreo Barā‘ difiere del verbo yāṣar, pues Barā‘ enfatiza la iniciación de un objeto, su creación mientras yāṣar, la formación del mismo. La humanidad y la naturaleza[9] son manifestaciones de la magnitud, la magnificencia, y la inconmensurabilidad de Dios. La diferencia entre ambos verbos es que yāṣar en sentido teológico, puede usarse tanto para el actuar humano como para el divino mientras Barā‘ es exclusivo de Dios (البَرى).

Ahora bien, la formación o modelación (yāṣar) del hombre se hace con polvo extraído de la tierra, con el lodo (‘āpār); término usado para mostrar la dependencia del cuerpo físico del hombre para con la tierra (‘ādāmah); de hecho, Barā‘ es una creación no ligada a lo material, mientras que la formación es terrenal.

[1] De nuevo, aparece el plural, el nosotros, ahora, en el adjetivo.

[2] De las 16 veces usadas, 5 se refieren al hombre como creado a imagen de Dios.

[3] De poca aparición en el Antiguo Testamento pero de gran importancia teológica.

[4] Cfr. HARRIS, R. Laird, The Theological Wordbook of the Old Testament.

[5] Cfr. Von RAD, Gerhard, El libro del Génesis, p. 69.

[6] CASTELL, Francois, Comienzos, p. 38.

[7] Cfr. 6.3 y sgtes.

[8] Cfr. 2.5-6.

[9] Cfr. 1.1, 21, 27; 2.3.

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La creación del hombre en el Sagrado Corán

El sagrado Corán presenta en diferentes lugares y de muy diversas maneras cómo se expresa la grandeza de la creación divina en la creación de la humanidad, aquí se citarán las más cercanas a la presentación judía del primer relato.

32.7 Quien perfeccionó todo lo que ha creado, y comenzó la creación del hombre [Adán] a partir de barro.

الَّذِي أَحْسَنَ كُلَّ شَيْءٍ خَلَقَهُ وَبَدَأَ خَلْقَ الْإِنسَانِ مِن طِينٍ {7}

La creación divina en su totalidad es bella, armoniosa en sí misma y cumple la función que Dios le ha otorgado, no hay en ella maldad, desorden o caos; a excepción del ser humano, de otra manera gracias a la voluntad humana que puede escoger su manera de obrar en tanto creación.

Dios ha creado cada ser con una función, el verbo crear se encuentra en tiempo pasado, pero, como es común en el sagrado Corán, los actos divinos, como el acto de la creación, remiten a un incesante presente que se convierte en futuro por lo que puede traducirse en un modo perfecto como: “es aquel que ha creado todo” o en un modo gerundio como: “es aquel que está creando todas las cosas”, para darle la comprensión más temporal, tal como se presentará en las siguientes citas coránicas.

95.4 Que ciertamente creamos al hombre con la más bella conformación.

لَقَدْ خَلَقْنَا الْإِنسَانَ فِي أَحْسَنِ تَقْوِيمٍ {4}

Es decir, con la mejor constitución física y mental, el hombre es la mejor criatura de Dios (Daryabadi).

82.7 Quien os creó y os dio una bella conformación

الَّذِي خَلَقَكَ فَسَوَّاكَ فَعَدَلَكَ {7}

Ante la grandeza del proceso de la creación el hombre ha de reconocer el poder, la sabiduría y la misericordia de Dios; esta es la gracia de Dios, ¡su creación! Y es mediante su creación que reconocemos su poder, misericordia y sabiduría.

96.1 ¡Lee! [¡Oh, Muhammad!] En el nombre de tu Señor, Quien creó todas las cosas.

96.2 Creó al hombre de un cigoto. [Traducción de Julio Cortes: ha creado al hombre de sangre coagulada [célula embrionaria]!]

96.3 ¡Recita! Tu Señor es el más Generoso,

96.4 [Traducción de Julio Cortes:] que ha enseñado el uso del cálamo [pluma],

96.5 Y le enseñó al hombre lo que no sabía.

اقْرَأْ بِاسْمِ رَبِّكَ الَّذِي خَلَقَ {1}

خَلَقَ الْإِنسَانَ مِنْ عَلَقٍ {2}

اقْرَأْ وَرَبُّكَ الْأَكْرَمُ {3}

الَّذِي عَلَّمَ بِالْقَلَمِ {4}

عَلَّمَ الْإِنسَانَ مَا لَمْ يَعْلَمْ {5}

Esta es la primera revelación que el ángel Ŷibraīl –la paz sea con él– transmitió al Profeta Muhammad –la paz y las bendiciones de Dios sean sobre él– en los últimos días del mes de ramadán, trece años antes de la emigración; sin duda, las múltiples implicaciones de estas primeras aleyas son inconmensurables; por ello aquí se presenta sólo algo básico dentro de la creación y en ellas se relaciona la creación del hombre con la búsqueda del conocimiento y la recitación del Sagrado Corán.

Las cinco primeras ayat de esta sura también se relacionan con la recitación (qur‘an), y comienzan con un verbo en modo imperativo: ¡lee, recita! Es decir, el Dios creador ordena a su Profeta -la paz y las bendiciones de Dios sean sobre él-; recitar el nombre de su señor que ha creado a la humanidad y para ello usa el verbo crear (ḫalaqa) en tiempo pasado de la tercera persona del singular, lo cual puede indicar un acto constante de creación (ḫalq) que se repite continuamente.

En estas aleyas se reúnen las acciones de aprender, saber (‘alama) con la palabra pluma o cálamo (qalam), lo cual crea una armonía en el campo semántico de acciones como relacionadas: leer, escribir, aprender.

El nombre de esta corta sura –19 ayats– ‘la célula embrionaria’[1] o ‘la sangre coagulada’[2] (al-‘alaq) indica una bella, fuerte y condicionante relación entre la orden divina y la creación; la primera palabra que Dios dirige a su profeta Muhammad y a la humanidad entera en su última revelación será en modo imperativo: ¡recita!, es, pues, un llamado a la sumisión al señor creador de los hombres mediante la recitación, es decir el Sagrado Corán.

Según una tradición islámica, Muhammad responde a esta orden[3] con una vacilación, propia de los humanos, ya que los profetas –la paz y las bendiciones de Dios sea con todos ellos– también son seres humanos y por lo tanto creados, dice: ¿cómo voy a recitar si no sé leer?

El hombre puede acumular conocimientos, transmitir pensamientos, comunicar sus experiencias, preocupaciones y esperanzas, adquirir conocimientos de hace miles de años, lo que lo lleva a sentirse y creerse autosuficiente, como si el conocimiento de la creación le permitiera hacer con ella su voluntad inclusive dominar a otros hombres.

En el inicio de otra surá también se presenta la relación entre el conocimiento, la revelación divina y la creación del hombre:

55.1 [Allah es] El Clemente,

55.2 Quien enseñó el Corán,

55.3 Creó al ser humano,

55.4 Y le enseñó la elocuencia.

الرَّحْمَنُ {1}

عَلَّمَ الْقُرْآنَ {2}

خَلَقَ الْإِنسَانَ {3}

عَلَّمَهُ الْبَيَانَ {4}

El compasivo (ar-rahman) es uno de los nombres divinos y a la vez da nombre a esta surá, significa aquel cuyas muestras de gracia y bondad son innumerables e inabarcables; el mayor de sus dones es la recitación.

[1] Según Muhammad Asad.

[2] Según Julio Cortes y el Tafsir al-Montajab.

[3] “Una tradición pone en boca de Mahoma las siguientes palabras: Dormía cuando Gabriel me trajo un paño de seda repleto de letras. Me dijo: -lee-. Pregunté: -¿Qué debo leer?-. Entonces me estrechó con el paño de tal modo que creí que iba a morir. En seguida me soltó y repitió: -lee- (la escena se repite tres veces). Temeroso de que por cuarta vez volviera a acosarme le pregunté: -¿Qué debo leer?-. y él recitó: “-Recita en el nombre de tu Señor, Que ha creado, ha creado al hombre de sangre coagulada!¡Recita! Tu Señor es el Munífico, que ha enseñado el uso del cálamo, ha enseñado al hombre lo que no sabía.”-. Así lo hice y Gabriel me dejó. Al despertar me pareció que aquellas palabras habían quedado grabadas en mi corazón. Salí de la gruta y mientras estaba de pie en el monte oí una voz del cielo que me llamaba y decía: -¿Mahoma! Tú eres el Enviado de Dios y yo soy Gabriel-. Levanté la cabeza y vi a Gabriel. Era un hombre con alas, tenía los pies apoyados en el horizonte y pregonaba: -¿Mahoma! Tú eres el Enviado de Dios y yo, Gabriel-. Quedé inmóvil observándolo, sin poder avanzar ni retroceder. Aparté después la vista de él, pero en cualquier dirección en que miraba al horizonte, le veía con el mismo aspecto. Sura 96, nota a 1 – 5, Traducción de Juan Vernet. Cfr. Bujari (Bab’ al-Wahī) y versiones cercanas en las colecciones de Muslim, Nasa’i y Tirmidi.